¿Una nueva Santa Alianza?
Por Mariano Grondona
El País, Montevideo
A partir de 1789, la Revolución Francesa primero y el emperador Napoleón después desafiaron a las monarquías tradicionales europeas, cuya unión defensiva recibió el nombre de “Santa Alianza”. En 1815 los países miembros de la Santa Alianza, entre los que se contaban Prusia, Rusia y Austria con el inestimable apoyo del Reino Unido, derrotaron finalmente a Napoleón en Waterloo, dándole a la vieja Europa cien años de paz hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial en 1914.
La tesis doctoral del joven Henry Kissinger, titulada A World Restored, “Un mundo restaurado”, exploró precisamente esta obra diplomática colosal a la que Europa debió el gobierno del mundo por cien años, antes de que las dos guerras mundiales del siglo XX, que hoy se perciben como dos guerras civiles europeas, abrieran en última instancia las puertas al imperio norteamericano.
A partir de los años ochenta del siglo XX, una tras otra, las naciones latinoamericanas se fueron plegando a la democracia, pero ahora reciben el desafío del dictador venezolano Hugo Chávez y sus gobiernos aliados y sumisos de Bolivia y Ecuador, todos ellos en la estela de la Cuba de los Castro.
Frente a este peligro evidente e inminente, ¿mostrarán las democracias latinoamericanas el mismo grado de solidaridad que exhibieron las monarquías europeas hace dos siglos? ¿Se constituirá entre nosotros una Alianza Democrática, en defensa de nuestros principios?
Cabe dudarlo. Hace unos días, es cierto, varios presidentes y ex presidentes latinoamericanos coincidieron en la necesidad de constituir una Alianza Democrática en nuestra región. Han puesto sus nombres al pie de esta noble iniciativa el presidente Calderón y el ex presidente Fox desde México, el ex presidente Lagos desde Chile y el ex presidente Fernando Henrique Cardoso desde Brasil.
Otras presencias son, sin embargo, dudosas. Lo es, por lo pronto, la del presidente Lula, el sucesor de Cardoso en Brasil. Al compartir la mediación que Chávez intenta entre el presidente de Colombia Álvaro Uribe y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para el intercambio de rehenes por terroristas, Lula revela una estrategia al menos ambigua en cuanto procura de un lado impedir que Chávez monopolice el escenario latinoamericano al correrlo, como dicen los criollos, “por el lado en que dispara”, pero esto al costo de no oponerse a él abiertamente. Acosado por los grandes problemas de seguridad que le crean las FARC, el propio Uribe queda atrapado por la misma ambigüedad.
Con Lula, Brasil no abandona por cierto su vieja aspiración al liderazgo sudamericano; procura impulsarlo, empero, a través de la sutileza diplomática antes que a través de una abierta confrontación en nombre de la democracia.
Tanto la actitud de Lula como la de Uribe son hasta cierto punto comprensibles, pero debilitan también la idea de una Alianza Democrática en nuestra región. Debe decirse en descargo de la democracia de Brasil, por otra parte, que su Senado intentó ponerle un freno a la pretensión de Chávez de ingresar en el Mercosur.
Este ingreso, de consumarse, constituiría una burla a los principios de la subregión que integran Brasil, la Argentina, Uruguay y Paraguay, ya que el Mercosur puso como condición expresa que sólo admitiría en su seno a naciones democráticas. ¿Alguien puede sostener seriamente que la Venezuela de Chávez lo es?
Menos defendible es todavía que el presidente argentino Néstor Kirchner tenga en Chávez a su aliado principal, no ya por una cuestión de principios sino por un puñado de dólares, ya que los petrodólares de Chávez son el único sostén financiero internacional que la queda a la Argentina, lo cual convierte al gobierno de mi país en lo que nunca debió haberse convertido: un gobierno pedigüeño.
¿Cuál es entonces la consistencia de los gobiernos latinoamericanos frente al desafío del dictador Chávez? ¿Nacerá finalmente entre nosotros una verdadera “Alianza Democrática? Debe recordarse al respecto que la Unión Europea, a la que hoy integran 27 naciones, hizo honor desde sus comienzos hace cincuenta años a la exigencia de que sus miembros fueran democráticos, una exigencia que aceleró la marcha hacia la democracia de países como España, Portugal y Grecia.
No todo es entonces el petróleo. No todo son los negocios. Si alguna vez América Latina consigue elevarse al nivel de desarrollo que hoy exhiben las democracias europeas, será porque también entendió que no sólo de pan vive el hombre.
- 28 de septiembre, 2026
- 28 de septiembre, 2026
- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
Artículo de blog relacionados
- De aquí a octubre habrá que ver el Gobierno logra revertir un resultado electoral tan lacerante7 de septiembre, 2025
El Nuevo Herald Esta puede ser una semana histórica para México. Después de...
1 de marzo, 2013Por Jaime Castro El Tiempo, Bogotá Hay que ponerle pueblo a la descentralización...
27 de julio, 2006La Opinión, Los Angeles Charlotte, Carolina del Norte. — El Servicio de Inmigración y...
13 de diciembre, 2009












