Tasas, inflación, dólar y reservas
Por Juan Carlos de Pablo
Revista Fortuna
Una teoría es una explicación que conecta hechos desde la perspectiva causa-efecto. Algunas se formulan para describir o pronosticar, buena parte de ellas se plantean buscando modificar la realidad (si determinada conexión causa-efecto es válida y pienso que se mantendrá en el futuro, actuando sobre la causa podré modificar el efecto).
En economía al menos, con frecuencia existe más de una explicación congruente con los mismos hechos, por lo que surgen los denominados “problemas de identificación”. Y es por esto que abundan los debates, aún entre economistas familiarizados con los hechos y las teorías (ni que decir entre aquellos que hablan sin mirar los hechos).
En la Argentina 2007 una explicación referida a tasas de interés e inflación, valor del dólar y reservas del Banco Central, tiene que comenzar por la tasa de inflación. Porque desde la tasa de inflación se entiende lo que está ocurriendo con el resto de las variables, lo que el Gobierno intenta hacer al respecto, los resultados que puede lograr en el corto plazo y los que obtendrá si sigue por este camino.
Desde el punto de vista estadístico lo que está pasando con la tasa de inflación a nivel precios al consumidor en Capital Federal y Gran Buenos Aires es un misterio, dadas las barrabasadas que el Poder Ejecutivo Nacional está haciendo en el INDEC desde comienzos del año en curso. Pero está claro lo que dice el propio INDEC sobre la inflación a nivel precios mayoristas, lo que dicen las direcciones de estadística de las provincias… y lo que dicen las amas de casa, los taxistas y nuestros bolsillos. La tasa de inflación promedio ronda 2% mensual, y probablemente esté creciendo.
Lo cual no debería sorprendernos, en un país donde el gasto público crece 50% anual, los salarios nominales bien por encima del publicitado 16,5% anual, y si bien la tasa de crecimiento del PBI real –bien medido- cayó sustancialmente, el nivel de actividad económica es cíclicamente muy alto. En estas condiciones, a quien tiene que modificar los precios “no le tiembla la mano”, más allá de los esfuerzos del secretario de Comercio.
Las tasas de interés nominales tienen que reflejar la tasa esperada de inflación, al menos en los mercados financieros más sensibles. Como consecuencia del “dibujo” del índice de precios al consumidor la demanda de títulos públicos indexados cayó, por lo cual el Estado no tiene más remedio que endeudarse a tasas de interés que explicitan la tasa esperada de inflación. En estas condiciones la tasa de interés nominal tiene que aumentar, por lo que si el Estado no quiere pagar más por los fondos que demanda, continuará viendo que al vencimiento de las letras y notas que emitió el Banco Central el monto que vence es mayor que el de las nuevas colocaciones, teniendo que emitir pesos por la diferencia.
Si la tasa de inflación es creciente y las tasas de interés nominales no crecen, entonces la demanda de dinero desciende. ¿Qué hacemos los seres humanos con la plata que nos sobra, esto es, cuando queremos tener menos efectivo del que tenemos? Me encantaría que la “huida del dinero” implicara un aumento en la venta de mis libros. Algunos seres humanos compran bienes, otros adquieren papeles rectangulares de color verde en cuyo anverso, en inglés, se lee “confiamos en Dios”.
Desde 2002 la Argentina tiene superávit comercial. Pero en 2002, a pesar de esto, el Banco Central perdía reservas, porque como los argentinos creíamos que el precio del dólar habría de subir, los exportadores demoraban en liquidar, los importadores se apresuraban a cancelar y el resto de la población huía del poco dinero que le quedaba; a partir de 2003 el BCRA ganó reservas porque comenzó a ocurrir lo contrario, y desde hace algunas semanas está volviendo a perder reservas. No estamos formalmente en Convertibilidad, pero cuando el precio del dólar llega a $ 3,20 el Central vende, y cuando llega a $ 3,10 compra.
En una palabra, cuando los hechos se ordenan causalmente la explicación va de tasa de inflación a tasa de interés, de la pretensión del Gobierno de que sin hacer nada en serio en materia de inflación no aumente la tasa de interés a la demanda de dólares, y de la decisión del Gobierno de que no aumente la cotización por encima de $ 3,20 a la pérdida de reservas.
Como en la Argentina tenemos mucha experiencia en la materia, hace un cuarto de siglo a esta situación la denominé “modelo Diluvio Universal o Arca de Noé”, explicando que la moneda local es un ejemplo típico de bien que no sirve para ingresar al Arca, mientras que el dólar de Estados Unidos es un ejemplo típico de bien que sí sirve para tal efecto. Pues bien, en la Argentina hay un conjunto de personas (individuos, instituciones, etc.), que dicen que “está todo fenómeno”, porque resulta políticamente correcto, pero por las dudas…
¿Cómo sigue esto? Por ahora vamos en camino de ida hacia el Diluvio Universal. Nadie espera que Néstor Kirchner disminuya algunas de las distorsiones económicas que introdujo durante su gestión, así como nadie espera que Cristina Fernández de Kirchner, si gana las próximas elecciones (de lo cual hay alta probabilidad, aunque no certeza), arranque su gobierno el 10 de diciembre próximo corrigiendo los problemas que va a heredar.
Porque por ahora la candidata del Frente para la Victoria se ilusiona con la versión 2007-2008 del Pacto Social, que a menos que ocurra un milagro al ser sostenido por dirigentes gremiales, empresarios y obreros se ocupará de precios y salarios pero no de políticas monetarias y fiscales. Nada que ver con el Pacto de la Moncloa que fue exactamente lo contrario: un acuerdo político firmado por los partidos que tenían representación parlamentaria, sin participación corporativa, centrado en la necesidad de ajustar la economía. Parece que dicho ajuste era necesario en España en 1977; ¿alguien duda que lo es en Argentina 2007?
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