Un país, dos sistemas
Por Porfirio Cristaldo Ayala
ABC Digital
Para desilusión de millones de ciudadanos de Hong Kong, el avance a la democracia –que en otros tiempos parecía inevitable– resultó una decepción, y no solo en Hong Kong, sino también en Rusia, Irak y otros. La defensa del autoritarismo y el monopolio del Partido Comunista, manifestada por el presidente chino Hu Jintao, ponen en duda la permanencia de la democracia en la región. Diez años atrás, cuando Inglaterra devolvía Hong Kong a China muchos esperaban que Hong Kong se convirtiera en una democracia. No fue así. Por fortuna, el espíritu de la libertad no muere fácilmente como lo demuestran Taiwán, Corea del Sur, Singapur.
En Hong Kong, el régimen comunista transformó la fórmula de “un país, dos sistemas” en “un país, un sistema”: el sistema comunista. De poco sirvieron la Constitución firmada con Inglaterra o las repetidas manifestaciones de decenas de miles de personas en demanda de la democracia. Para los líderes de Beijing, el problema tiene raíces filosóficas: el confucianismo chino se opone al surgimiento de una sociedad democrática.
Nada más lejos de la verdad. De todas las religiones asiáticas, el confucionismo es el que mejor se adapta a la economía de mercado, como se confirma con su florecimiento en Taiwán, un excelente ejemplo del éxito del capitalismo, confucionismo y democracia. A menudo nos olvidamos que el verdadero “milagro chino” no es el de China comunista, sino el de Taiwán. Esta pequeña isla muestra el emporio de riqueza y libertad que alguna vez podría llegar a ser la China continental si adoptara el capitalismo democrático y abandonara el comunismo.
La China actual no es capitalista ni mucho menos. Las reformas de mercado de Deng Xiaoping hace 25 años impulsaron el crecimiento de su economía a una tasa media sorprendente de 9% o más, pero no se establecieron las bases de un sistema capitalista: estado de derecho, justicia independiente, sólida protección a los derechos de propiedad y cumplimiento de los contratos.
Lo que hizo Deng fue crear las condiciones para atraer la inversión extranjera (más de 60.000 millones de dólares en el 2005) y con ello crear numerosas empresas y empleos. Los capitalistas en todas partes compiten por invertir en el inmenso mercado chino de 1.300 millones de personas. Pero no pasará mucho tiempo para que se rompa el frágil equilibrio entre la economía libre y el autoritarismo político. El Partido Comunista continúa con el monopolio del poder político, restringiendo las libertades, desde Internet hasta los sindicatos. Taiwán, en cambio, tiene una de las prensas más libres de Asia, como lo indican los índices de Freedom House.
Los comienzos de Taiwán no fueron muy diferentes a China comunista, en buena medida, debido a la constante amenaza militar de invasión que esta representaba para la pequeña isla. En 1952, cuando llegaron los primeros nacionalistas a la isla, el ingreso por habitante era de 50 dólares anuales, bastante menor que el de casi todos los países latinoamericanos. Durante 38 años Taiwán estuvo bajo la Ley Marcial, en un estado policial que violaba los derechos humanos e impedía las libertades políticas. Pero la libertad pudo más, y en 1987, Taiwán reformó su constitución, estableció los partidos políticos y consolidó el estado de derecho.
En 2000, el poder político pasó a la oposición en una pugna dramática pero pacífica, con lo cual se fortaleció la democracia en Taiwán. Hubo que sortear numerosas dificultades, características de la democracia, pero al final el país se transformó en una gran potencia industrial, con una justicia independiente que protege las inversiones y hace cumplir los contratos, goza de un alto crecimiento y amplias libertades económicas y políticas, impuestos y regulaciones reducidas, bajo nivel de desempleo y elevado crecimiento del nivel de vida de la población.
El debate en Taiwán sobre las conveniencias de la unificación con la China comunista o la declaración de independencia debe tener muy presente la fracasada experiencia en Hong Kong de “un país, dos sistemas”.
- 28 de septiembre, 2026
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