La dolarización de Ecuador sobrevivió a los atropellos del presidente Correa
En 1999, el sucre ecuatoriano empezó lo que acabaría siendo un desplome catastrófico. A finales de 1998, el sucre se cotizaba a 6.825 sucres por dólar estadounidense y, para finales de 1999, se había desplomado hasta 20.243 sucres por dólar. Como si perder dos tercios de su valor frente al billete verde en un solo año no fuera poco, el sucre sufrió otra caída durante la primera semana de 2000 y perdió otro 27,7%, mientras tocó un mínimo histórico de 28.000 sucres por dólar.
Ante una moneda en caída libre, una crisis bancaria y una economía en pleno colapso, el presidente Jamil Mahuad, alentado tanto por el presidente Bill Clinton como por el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Lawrence Summers, anunció el 9 de enero de 2000 que Ecuador reemplazaría el sucre por el dólar a una tasa de 25.000 sucres por dólar.
Como siempre ha ocurrido, la dolarización funcionó a la perfección. De hecho, no existe ningún caso registrado de una dolarización fallida. Con el dramático anuncio del presidente Mahuad se produjo un choque positivo de confianza: la inflación cayó en picada, los depósitos comenzaron a regresar al sistema bancario y la economía pasó de un crecimiento negativo a uno positivo. Se logró la estabilidad y, aunque la estabilidad no lo sea todo, sin estabilidad el todo es nada.
Hoy, la dolarización goza de alrededor de 90 % de aprobación y es el régimen monetario más longevo de Ecuador desde su independencia en mayo de 1830. La dolarización ha durado más que cualquiera de sus constituciones. Su capacidad de resistencia es notable, pues sobrevivió a la presidencia del izquierdista Rafael Correa (de enero de 2007 a mayo de 2017), economista de formación y opositor de larga data a la dolarización.
Antes de entrar en la política, Correa había publicado trabajos en los que denunciaba la dolarización y esbozaba un plan para desmontarla. Ya como presidente, la calificó de “un inmenso error” y de “suicidio monetario”. Sin embargo, sabía que un intento abierto de desdolarizar desataría corridas bancarias, el colapso de la economía y, quizás, su propia carrera política. Por eso, Correa aseguró una y otra vez a los electores que abandonar el dólar sería catastrófico y que no figuraba en su agenda.
Pero, detrás de los telones, sus acciones cuentan otra historia. En su primer año de gobierno desmanteló uno de los complementos naturales de la dolarización: un ancla fiscal. Ecuador había creado un fondo de reserva petrolera que, junto con el dólar, le había permitido al país lograr varios años consecutivos de superávit fiscal desde que comenzó a extraer petróleo. Correa eliminó ese fondo.
El siguiente gráfico resume la historia del desmanejo fiscal de Correa:
Ese mismo año, en un intento por socavar la dolarización, Correa puso en marcha una serie de políticas económicas desacertadas. Comenzó por cerrar la economía al capital extranjero, algo innecesario y absolutamente tóxico bajo un régimen dolarizado. Como si fuera poco, declaró una moratoria selectiva de la deuda externa a pesar de gozar de ingresos petroleros récord. También impuso un impuesto de salida a cada dólar que salía del país y elevó drásticamente los aranceles a las importaciones. Para controlar y debilitar a la banca privada, Correa obligó a los bancos a repatriar 45 % de su liquidez y a depositarla en el banco central.
Correa también creó un programa de dinero electrónico del banco central. El programa se presentó como una herramienta de inclusión financiera, ya que permitía a los ecuatorianos pagar con el teléfono celular. Pero como era el banco central el que emitía esos saldos, y no los bancos privados, fácilmente habría podido convertirse en un mecanismo para que el gobierno pagara sus cuentas sin pleno respaldo en dólares. Por fortuna, el público no quiso saber nada de él y el programa fue clausurado.
Quizás lo más escandaloso fue que, bajo Correa, el banco central comenzó a prestarle directamente al Ministerio de Finanzas. En la práctica, esto le permitió a Correa imprimir “ecuadólares” sin respaldo. Estos préstamos alcanzaron la descomunal cifra de 10 % del PIB de Ecuador durante el período 2009-2014. Estos no solo eran de dudosa legalidad, sino que además contrariaban los principios fundamentales de un sistema dolarizado.
Correa, condenado por corrupción y cohecho en el caso Sobornos, reside en Bruselas, Bélgica, donde elude una condena de ocho años de prisión. Pero su legado persiste. Hoy, Ecuador no aprovecha plenamente los beneficios de la dolarización, porque el banco central todavía fija las tasas de interés y orienta el crédito bancario hacia sectores favorecidos. Los controles de capital, por su parte, limitan el acceso de Ecuador al mercado más líquido en dólares del mundo.
Por fortuna, Correa perdió su batalla por desmantelar la dolarización, aunque no por falta de empeño. Su movimiento político de izquierda ha pagado el precio: su partido no ha ganado una elección presidencial desde que él dejó el poder y hoy corre el riesgo de perder su registro como organización política.
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