Trujillo, Somoza y Delcy Rodríguez
Rafael Leónidas Trujillo (República Dominicana) y Anastacio Somoza García (Nicaragua), fueron los dictadores más duros del siglo XX en América Latina, pues gobernaron en forma absoluta de 1930 a 1961, el primero; de 1937 a 1956, el segundo. Ambos utilizaron la censura, el asesinato de opositores y la tortura ante cualquier amenaza a sus gobiernos. Ambos amasaron inmensas fortunas personales. Los dos tiranos en forma curiosa se mantuvieron por el apoyo directo de los Estados Unidos mediante préstamos, reconocimiento de sus gobiernos, venta de armas, apoyo diplomático, mutuos intereses económicos y debido a sus retóricas anticomunistas. Sobre Trujillo se atribuye a Franklin D. Roosevelt (aunque tal vez apócrifa) la frase: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Más que la frase resume la lógica de la época de obtener influencia política mediante la cooperación con los dos tiranos, como política de Estado que la ha mantenido en diversas ocasiones los Estados Unidos.
Con el elocuente silencio de los Estados Unidos —algunos aducen apoyo y una fuerte oposición interna— ambos dictadores sufrieron muertes violentas y precipitaron la caída de sus respectivos regímenes y clanes, que intentaron prolongar sus legados, aunque el de Nicaragua duró hasta 1979 en que lo derrotó la Revolución Sandinista, apoyada por Estados Unidos, aunque después la traicionaron Ortega y Murillo y mantienen su tiranía hasta la fecha.
Hoy Trump, luego de capturar a Maduro, tiene como presidenta Encargada de Venezuela a Delcy Rodríguez, legataria de Chávez y Maduro, casi ha reconocido como legítimo su gobierno y es indiferente con sus secuaces. Se la recibe y se le da voz en la Asamblea de las Naciones Unidas. Trump y ella han negociado el petróleo venezolano, con mayores beneficios para Estados Unidos, pero una forma de mantenerse en el poder de Delcy ante las angustias económicas que sufre Venezuela y su pueblo. Poco se habla de una transición cierta, elecciones libres, fin de la impunidad y del sistema criminal de represión en ese país. Delcy asiste en Nueva York como presidenta y Corina Machado, auténtica líder democrática, no puede ingresar a Venezuela, lo ha intentado siete veces sin éxito.
Parece pertinente recordar la expresión italiana “corsi e ricorsi”, la cual describe que la historia no avanza en línea recta, sino en ciclos de avances y retrocesos que se repiten. Es posible que Trump hacia el fin de su mandato, 2028, aplique la vieja política de Estado de Estados Unidos y ponga fin, de alguna forma misteriosa, sorpresiva o abusiva o económica, no militar, a los gobiernos dictatoriales de Venezuela, Cuba y Nicaragua o los deje sus sistemas tambaleantes, para que otros hagan la parte estricta y dura del plan. Desde luego, Delcy y su combo lo deben sospechar y tendrán sus propios y abyectos planes.
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