La era de los dictadores

The Beacon – El Instituto Independiente
Uno habría pensado que el fin del imperio soviético y el triunfo del paradigma democrático liberal (el hegeliano "fin de la historia" que Fukuyama citó de manera tan controvertida en su momento) crearía un ambiente en el que los autoritarios estarían a la defensiva, teniendo que justificarse constantemente bajo el peso de un estándar democrático liberal universalmente aceptado.
Treinta y tantos años después, este no es el caso. El autoritarismo es el verdadero paradigma (si bien uno bastante amorfo, dada la pluralidad de tipos autoritarios existentes), mientras que las ideas e instituciones liberales se han devaluado, aunque sigan gozando de cierto prestigio y reconocimiento internacional. Los regímenes autoritarios son extremadamente influyentes en algunas partes del mundo (China en Asia, Rusia en Eurasia, Arabia Saudí en el Golfo Pérsico, Turquía en lo que antes se solía llamar Asia Menor, Irán entre los Chiíes de todo el mundo y los populistas de izquierdas en América Latina). Sus intentos de crear zonas de influencia o establecer una hegemonía absoluta no van acompañados de una narrativa sofisticada destinada a proporcionar legitimidad a su papel en el orden mundial. En general, se oponen a los Estados Unidos y abogan por un mundo multipolar no dominado por Washington, pero no defienden un conjunto de principios ideológicos; se contentan con encarnar el antiliberalismo, pero no sienten la necesidad de oponer un ethos autoritario a la idea democrática liberal.
El nacionalismo capitalista de amigos de Xi Jinping, los actos de agresión de Putin en nombre de luchar contra la expansión de la OTAN, la defensa del islam por parte de Erdogan entre los árabes no se apoyan en una construcción ideológica remotamente comparable en su ambición y profundidad a la causa del liberalismo. La política de poder desnudo, la política de equilibrio de poder al estilo del siglo XIX y los impulsos nacionalistas/imperialistas se manifiestan descaradamente, a menudo de modo brutal, sin siquiera la apariencia de un credo. Las diferencias entre todos estos autoritarios son evidentes: algunos abogan por el comercio mundial, otros por el nacionalismo económico, algunos se alían con la derecha, otros con la izquierda (obsérvese el hecho de que el presidente argentino de izquierdas, Alberto Fernández, se ha acercado a Putin, un autoritario de derechas, y que el autócrata de derechas de El Salvador, Nayib Bukele, se ha convertido en un favorito del Partido Comunista de China). Entre el recluso y semiautárquico Kim Jong-un, el tirano de Corea del Norte, y Mohammed Bin Salman, el extravagante príncipe heredero de Arabia Saudí, hay un mundo de diferencia. Y no todos los autoritarios se oponen a los Estados Unidos.
El problema se ve agravado por el deterioro de los Estados Unidos como un símbolo de los valores liberales, en parte debido a un liderazgo mediocre, en parte a la aparición, a izquierda y derecha, de fuerzas antiliberales que actúan visiblemente dentro de la política y la sociedad civil estadounidenses. El panorama europeo tampoco ofrece muchas esperanzas en el campo democrático liberal. A la falta de un liderazgo inspirador, capaz o dispuesto a transmitir una visión de los derechos individuales y del Estado de Derecho como paradigma universal de la civilización, se añade la ausencia de un modelo socioeconómico sólido, posterior al Estado de bienestar, que pueda servir de modelo eficaz para los demás. Para no hablar del profundo examen de conciencia entre los europeos acerca de cuán europeos desean ser o no ser.
Son tiempos difíciles para quienes profesamos ideas liberales y aborrecemos el entorno depredador en el que tantos autócratas se están saliendo con la suya.
Traducido por Gabriel Gasave
El original en inglés puede verse aquí
Álvaro Vargas Llosa es Académico Asociado Senior del Centro Para la Prosperidad Global del Independent Institute. Sus libros del Independent incluyen Global Crossings, Liberty for Latin America y The Che Guevara Myth
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