La creciente complejidad del cambio de divisas en la Argentina
Por Mark Holston
Mientras va pasando con el pulgar los crujientes billetes de 100 pesos de un fajo, Diego (este no es su nombre real) comenta sobre su floreciente negocio como cambista en el oscuro mercado negro argentino. Su pequeño local está al inicio de la porción peatonal de la calle Lavalle, un tramo principalmente comercial en el corazón de Buenos Aires. Ostensiblemente una agencia de viajes, está decorado con láminas que promueven giras y otros servicios turísticos.
Pero es el valor de la castigada moneda de su país, no paquetes de excursiones a Punta del Este, lo que ocupa su mente. "Puedo tomar hasta 10.000 dólares por día", dice de sus operaciones. "Euros, puede ser 3,000 aproximadamente. Y hasta estamos cambiando el real brasileño. Está manteniendo su valor, y si la gente no puede conseguir dólares, muestra mucho interés en el real".
En el local de al lado, un locutorio, tiene lugar el mismo tipo de transacciones discretas sobre una base minuto a minuto. En la calle, un efectivo de la Policía Federal camina a paso lento y otros cambistas pululan por la calzada ofreciendo "Cambio, dólares, euros" a los peatones, aunque todos los participantes saben que lo que hacen es técnicamente ilegal. Los visitantes extranjeros quieren las gangas que sus desvalorizados pesos pueden pagar y los argentinos están desesperados por convertir sus pesos en dólares y otras monedas más seguras, sabiendo que mañana el peso valdrá menos que hoy.
Creciente brecha entre el tipo de cambio oficial y el del mercado negro
Hace un año, el dólar de EE.UU. valía siete pesos en el mercado negro. Hoy, el tipo de cambio no oficial se disparó superando los 10 pesos. Mientras el valor del peso sigue erosionándose, la diferencia entre el dólar oficial y el llamado dólar blue, crece. Hoy llega a más de 60%.
Una oportunidad dorada para los visitantes deseosos de cambiar su dinero en el mercado negro se ha convertido en una pesadilla financiera para la mayoría de los argentinos. "Tener un par de dólares es complejo", dice Daniel Hirsch, dueño de una firma que produce cuchillería industrial. "Si uno exporta, obtiene el tipo de cambio oficial, que es de alrededor de 6 pesos. Pero si uno tiene que comprar algunos ítems, debe pagar por ellos con un dólar que vale 10 pesos. Como en todas las crisis, algunas personas se benefician, otras pierden".
"Si viene un amigo del extranjero", dice Jorge Cazenave, un consultor de turismo, "yo le aconsejaría que traiga efectivo y lo ayudaría a cambiarlo en el mercado negro. No podemos hacer esto con los grupos o para un gasto alto de hotel, por ejemplo, porque eso lleva una factura y se controla. Pero el mercado negro para los dólares seguirá existiendo mientras el tipo de cambio oficial sea el único legal".
Las políticas oficiales tienen poco efecto
La presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner nombró recientemente nuevos funcionarios para reformar las políticas fiscales del país. La fuga de capitales ha sido un importante problema, y la acumulación de dólares estadounidenses ha sacado de circulación cientos de millones, disminuyendo las reservas extranjeras del país. Al mismo tiempo, la inflación está fuera de control. Mientras el gobierno la calcula en alrededor de 25% anual, observadores calificados no oficiales la ponen en hasta 35%. Entre las recientes medidas del gobierno para estabilizar la economía y aumentar los ingresos: un impuesto fiscal de 35% sobre todas las compras hechas con tarjetas de crédito en el exterior, un gravamen de 50% para los vehículos de alta gama y un congelamiento de los precios de 200 productos básicos de supermercado para disminuir entre los pobres los efectos de la inflación.
Conclusión para los viajeros
Mientras tanto, la búsqueda de un "tipo de cambio turístico" se extiende incluso a los hoteles más caros de la ciudad, donde huéspedes acaudalados tratan de acceder al mercado negro. "Sí", dice el conserje, en uno de esos establecimientos de elite, "hasta los ricos buscan una ganga. Cuando nos preguntan, no damos datos específicos, ya que es ilegal. Pero sí los dirigimos a donde pueden obtener información confiable".
Los visitantes deben preguntarles a los camareros de los restaurantes y a los empleados de las tiendas si aceptan dólares. En muchos casos lo hacen, aunque el tipo de cambio será algo menor que en el mercado negro, donde el valor relativo del peso y otras monedas fluctúa constantemente.
Es mejor, sin embargo, no contar con oportunidades casuales de transacciones. Cuando se le pregunta si acepta dólares para un viaje desde el centro de Buenos Aires hasta el aeropuerto internacional, un emprendedor chofer de taxi saca un cartel laminado que reza "Dólares solo a la tasa oficial". Con los codiciados billetes verdes pagados por el servicio en la mano, el astuto taxista embolsa una buena ganancia de 60%.
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