EE.UU.: Extraños impulsores de la ley de inmigración
Por Juan
David Escobar Valencia
El Colombiano, Medellín
Uno
de los asuntos más importantes que el pensamiento estratégico plantea para el
análisis estratégico de una situación de confrontación o competitiva, es
establecer cuáles son "todos" los actores que van a estar, real o
potencialmente, involucrados.
Aspirar
a "destapar todas las fichas del tablero" con anticipación es una
ilusión que difícilmente se materializa, pero mientras menos actores aparezcan
sorpresivamente, mayor es la probabilidad de que una estrategia definida pueda
tener algún grado de éxito.
No
conozco fórmula perfecta, si es que ha existido o pueda existir, para establecer
con anterioridad todos los actores que puedan estar involucrados en un cotejo,
pero una de las herramientas más útiles es una antigua pero siempre vigente
recomendación de Cicerón, el político, filósofo, historiador, jurista y orador
romano, de la época lejana en que a la política llegaban personas cultas y
educadas, y no mediocres que gaguean hasta conceptualmente.
Aconseja
Cicerón antes de hacer algo o determinar la autoría de un acto, hacerse la
siguiente pregunta: "Cui bono", ¿"Quién se beneficia?".
Esta simple pero poderosa pregunta permite identificar los actores obvios, los
que sus intereses están vinculados directamente con una decisión o actuación,
pero desarrollarla con profundidad lleva a sorprendentes hallazgos, que
enriquecen el análisis, reducen la incertidumbre y muestran alternativas y
recursos no imaginados.
En
la actual disputa por la aprobación de la ley de inmigración en EE. UU., esta
pregunta genial popularizada por Cicerón, aunque dicen que fue de autoría de
Lucio Casio Longino Ravilla, permite descubrir que además de los directamente
beneficiados por su aprobación, como son los inmigrantes ilegales, o
"personas indocumentadas" como los llaman ahora sus defensores; o del
partido Demócrata, que encuentra en los latinos la nueva veta electoral que le
permitiría contar con una ventaja creciente en las futuras elecciones sobre los
republicanos que no ven a los latinos en su radar, aparecen otros actores,
menos obvios, que también están metiendo el hombro por la aprobación de la ley.
Por
razones de espacio no puedo analizarlos apropiada y separadamente, pues no son
iguales, pero a pesar de sus diferencias notables, algunos sindicatos como
iglesias cristianas en EE. UU. están empujando por la aprobación de esta ley.
Ambas organizaciones son conscientes, así no lo mencionen, de la constante
reducción del número de sus adeptos.
Aunque
los sindicatos podrían ver en los "nuevos trabajadores legales" una
amenaza para los actuales trabajadores estadounidenses, y de hecho lo serán en
ciertos sectores, es más probable encontrar nuevos miembros en los millones de
inmigrantes, que convencer a los actuales nativos.
Algo
parecido sucede en las iglesias cristianas, de las múltiples variantes que
existen en EE. UU., pues una parte importante de los estadounidenses jóvenes, y
muchos no tanto, sienten que su salvador más real y eficiente es el
"911" y no Jesucristo. En cambio los latinos inmigrantes vienen con
la fe como parte de su equipaje obligado.
Ejemplos de esto pueden verse en el movimiento "Christians for
Comprehensive Immigration Reform", o en discusiones de algunas iglesias
bautistas de Orlando o iglesias luteranas de Washington D.C.
Las disputas producen extraños compañeros de cama.
- 28 de septiembre, 2026
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