Correa: otro paso hacia la dictadura
Editorial –
El presidente ecuatoriano, Rafael Correa, es el protagonista de lo que a todas luces es uno de los más grotescos ejemplos para decapitar la libertad de expresión en ese país sudamericano, como consecuencia de la condena de tres años de cárcel y la multa de US$40 millones a tres directivos y un exeditor del diario guayaquileño El Universo, lo que sin duda provocará su quiebra.
La condena es el resultado de la furia presidencial porque el jefe de opinión del diario, Emilio Palacio, publicó una columna en la que señalaba a Correa de haber ordenado disparar contra un hospital, en un intento de golpe de Estado que tuvo lugar en septiembre del 2010. El mandatario demandó al periódico y a sus tres directivos, Carlos, Nicolás y César Pérez, exigiendo una indemnización de US$80 millones y tres años de cárcel. Luego se negó a aceptar la oferta de publicar una rectificación, y en julio pasado un juez aprobó la petición, que esta semana fue ratificada por la Corte Suprema. Aunque aún hay un recurso de casación, es evidente que fracasará.
El caso tiene muestras de todas las maniobras de los aprendices de dictadores: jueces que deciden en tiempo muy corto, persecuciones contra los críticos, presión como resultado de la presencia de Correa en persona cuando la Corte ratificó la medida, información judicial llegada al presidente antes que a las partes interesadas, adelanto de audiencias, acusaciones de presión mediática inexistente, entre otras anomalías.
La gravedad del asunto se centra sobre todo en que el fin de Correa es convertirse en el propietario de El Universo, al recibirlo como parte de la indemnización de US$40 millones, mientras sus directivos se van a prisión, y convertir al medio en un instrumento de propaganda oficial o personal del presidente ecuatoriano, quien para colmo de cinismo apeló a la sentencia porque está empecinado en recibir los US$80 millones exigidos en su demanda.
Ante este hecho, la Organización de Estados Americanos está obligada a actuar, porque la teoría de su integración señala a la entidad como garante de las libertades de los ciudadanos latinoamericanos, entre las que sobresale la de expresión del pensamiento, lo cual incluye la crítica y el señalamiento de delitos a los funcionarios públicos en el ejercicio de sus funciones, como es el caso del columnista Palacio.
La sumisión al criterio gubernativo muy pronto es un eufemismo para el capricho de la intolerancia, así como el temor a la aplicación arbitraria de la ley gracias a jueces sumisos, y allana el camino a una autocensura, que se traduce en información sesgada para los ciudadanos. Es la oscura antesala del fin de la democracia.
El caso El Universo trasciende los límites del interés por mantener en cualquier país al periodismo independiente del Gobierno. Por eso debe poner en acción inmediata a las organizaciones americanas y mundiales de defensa de los derechos humanos. No hacerlo las convertirá en vergonzantes cómplices de los Correas del continente, cuya proliferación se encuentra a un paso si la perversa acción del presidente ecuatoriano tiene como resultado el silencio institucional de la región.
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