El Día del Trabajo y las leyes de inmigración
Por Mons. Thomas Wenski, Arzobispo de Miami
El Día del Trabajo debe indicar más que el final “oficial” del verano. Este día festivo rinde tributo a los trabajadores que crean la riqueza y la fortaleza de nuestra nación. Al mismo tiempo, al rendir homenaje a los hombres y a las mujeres que trabajan –y al recordar las contribuciones del movimiento laboral en nuestra sociedad– reconocemos la dignidad inherente y el valor del trabajo humano. El trabajo nos permite participar en la propia obra de la creación de Dios, y nos ofrece los medios para apoyar a nuestras familias y contribuir al bien común de todos.
Este Día del Trabajo nos encuentra como una nación que lucha con el difícil e importante tema de la inmigración. Los inmigrantes – hayan llegado por medios legales o no – vienen en busca de trabajo y de una vida mejor para sus familias. Ya sea que llegan como trabajadores con o sin destrezas, como obreros agrícolas, o para reunirse con familiares que ya trabajan aquí, en parte llegan porque se necesita su mano de obra. Nuestra economía, aun en estos tiempos difíciles, depende de ellos.
La agricultura depende de ellos en gran manera para recoger las cosechas. En nuestras industrias avícolas y de la carne, que tienen algunas de las ocupaciones más peligrosas y los salarios más bajos en los Estados Unidos, casi la mitad de la fuerza laboral es inmigrante. Nuestra industria hotelera, y ni mencionar el creciente sector del cuidado de la salud, depende grandemente de empleados nacidos en el extranjero. Sin el trabajo de los inmigrantes, habría enormes brechas en nuestra economía.
Nuestras leyes de inmigración no se han mantenido al día con esta demanda de mano de obra, razón por la cual aquellos que llegan al país sin sanciones legales ocupan tantos trabajos. A pesar de su falta de estado legal permanente, la mayoría de los casi 11 millones de indocumentados en nuestro país se encuentra trabajando, y estos obreros contribuyen al bien común de nuestra nación por el trabajo que realizan y los impuestos que pagan.
Aunque haya personas razonables que puedan estar en desacuerdo sobre la manera en que debe responder nuestra nación, cualquier respuesta efectiva exige reconocer que la inmigración va más allá de “asegurar las fronteras”; esencialmente se trata de nuestro mercado laboral y de los hombres y mujeres que ocupan los trabajos que continúan fortaleciendo a América.
Soy hijo de inmigrantes polacos y, como sacerdote, he trabajado la mayor parte de mi vida con inmigrantes de Haití y de otros países, y he compartido los afanes diarios y los sueños de quienes llegan a este país en busca de libertad y oportunidades. He visto su determinación de procurar una vida mejor para sus hijos. Por eso estoy convencido de que América, fundada sobre los ideales de libertad y justicia para todos, puede y debe encontrar maneras razonables y responsables de acogerles. Al ayudar a quienes no tengan estado legal para que salgan de las sombras y contribuyan completamente a sus comunidades, podremos, a la vez, fortalecer la seguridad de nuestra nación y la vitalidad de nuestra sociedad.
Los inmigrantes han llegado porque desean vivir los valores que celebramos este Día del Trabajo, trabajar arduamente, ofrecerle una vida digna a su familia, contribuir a la comunidad, y tener una vida de dignidad y oportunidad obtenida a través del trabajo honesto. Podemos honrar estos valores si vamos más allá de la división y el partidismo que ha distinguido al reciente debate sobre inmigración. Necesitamos una reforma abarcadora de inmigración que incluya un camino a la legalización para quienes ya han trabajado en nuestro país, y uno que satisfaga las futuras necesidades laborales a través de un programa de trabajadores temporeros. Tal reforma puede ayudar a que se garantice que los trabajadores no sean explotados y que, a la vez, se proteja los derechos de los obreros nacidos en el exterior y en los EE.UU.
Toda persona que trabaja en nuestro país debe tener un lugar de empleo seguro, salarios y beneficios para mantener a sus familias, y la protección de leyes laborales, entre ellas el derecho a organizarse y a tener voz. En este Día del Trabajo, el debate de inmigración nos desafía a considerar de nuevo quiénes somos como nación, cómo trata nuestra economía a todos los trabajadores, cómo damos la bienvenida a los “forasteros” entre nosotros.
La inmigración no es sólo un asunto político, sino uno fundamental y moral. Los trabajadores inmigrantes no son números sin rostros; son personas humanas. Son nuestras hermanas y hermanos; son nuestros vecinos y compañeros de trabajo. La justicia y la prudencia exigen que los tratemos con dignidad y hallemos una manera razonable para que sus contribuciones y su presencia sean reconocidas en la ley.
Después de todo, el Día del Trabajo debe reconocer las contribuciones de todos los trabajadores de esta gran nación.
- 28 de septiembre, 2026
- 28 de septiembre, 2026
- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
Artículo de blog relacionados
Prensa Libre La Unión Europea “respondió” a la situación de hambruna y anunció...
22 de septiembre, 2009El Nuevo Herald Fue un exceso de voces discordantes. Me quedé, realmente, alarmado...
2 de noviembre, 2023La Nación Una de las típicas preguntas que nos formulan a los economistas...
5 de septiembre, 2013Siglo XXICon la veloz caída de las reservas en efectivo, quizás General Motors...
25 de noviembre, 2008












