Holocausto se escribe con “h” mayúscula
El Periódico, Guatemala
En las últimas semanas se conmemoró un aniversario más de la Shoa, intento del régimen nazi alemán de liquidar de la faz del planeta al pueblo judío lo que evidentemente no logró aunque estuvo cerca de realizarlo.
Cuando comenzaron a aflorar las atrocidades cometidas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, numerosos estudiosos intentaron hallar las causas y orígenes del intenso antisemitismo que invadió a Europa entonces y explicar el hecho de que el programa de la “Solución Final” propuesto por Hitler hubiera sido acogido con tanto entusiasmo por una nación ilustrada como la alemana.
En realidad el antisemitismo nazi tiene orígenes muy antiguos.
Alemania se caracterizó durante siglos por la falta de unidad y de estabilidad en su forma de Gobierno. Los Estados germánicos vivieron entonces en un estado de anarquía permanente en donde los judíos sufrieron expulsiones y matanzas ello desde el siglo XII situación que se prolongó con poco más o menos frecuencia, modo e intensidad hasta la derrota del Tercer Reich en 1945.
La serie de reveses militares sufridos a manos de Luis XIV y de Napoleón I, siglos XVIII y XIX, impulsaron el nacionalismo y la unidad alemana a la formación de un Segundo Reich 1871 con una nueva concepción de nación germana purificada donde no tendrían cabida los judíos aun los alemanes en ese ideal.
En 1878 el reverendo Adolf Stocker, Capellán de la Corte del Káiser Guillermo II, creó el primer partido antisemita germano. Stocker consideraba que un odio común permitiría superar las oposiciones que fragmentaban entonces a la sociedad alemana, por lo que abogó por lograr un país unido y purificado de judíos.
Y fue así que al terminar la Primera Guerra Mundial en 1918, Alemania que vivía una situación de crisis surgida de su derrota militar ante los Aliados y que se derrumbaba en el caos económico y la anarquía estaba lista en 1930 para apoyar la llegada de un Adolfo Hitler con un programa violentamente antisemita.
El nazismo antisemita es una consecuencia lógica de la judeofobia prevaleciente durante siglos en Alemania y a lo largo y ancho de Europa. Sin embargo, los actos de barbarie organizados subsecuentes denominados Holocausto no hubieran sido posibles sin la técnica y la cualidad organizadora germana sumado ello a la colaboración de muchos gobiernos europeos y de los miles de individuos de origen diverso que facilitaron la labor concebida por los nazis. Seis millones de judíos europeos asesinados fue el trágico resultado de esa maquinaria impecable e implacable de exterminio.
“Nunca Jamás”, es hoy el clamor israelita frente a la tragedia del Holocausto: ¿pero será dicho clamor suficiente para asegurarle al pueblo judío un futuro de paz y tranquilidad tan ansiado en un mundo violento, insatisfecho e impredecible? Cada quien tendrá al respecto su propia opinión.
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