Depender de las tarjetas
Por Rubén Navarrette Jr.
SAN DIEGO. - En el cruce del estado-niñera y el estado-benefactor se encuentra una ley de la Legislatura de California que facilitaría la compra de frutas y vegetales para los que reciben estampillas para alimentos.
La idea es en parte niñera porque el gobierno, tras haber cumplido con sus demás responsabilidades, ha resuelto luchar contra la obesidad.
Y es en parte asistencia social, porque nuestra sociedad continúa, sin proponérselo, perjudicando a los pobres, los desempleados y los subempleados al asegurarles que el mundo les debe su manutención. También tienen derecho a no sentirse avergonzados por recibir asistencia pública, por lo que, a fin de eliminar los rastros de cualquier estigma, reciben tarjetas electrónicas en lugar de estampillas para realizar sus compras.
La ley requeriría que los casi 650 mercados de agricultores de todo California aceptaran tarjetas de estampillas para alimentos para el año 2012, instalando un sistema electrónico de transferencia de beneficios (EBT) o permitiendo que otra organización montara y operara un sistema EBT.
Juan Arambula, miembro independiente de la asamblea legislativa, que representa al Valle de San Joaquín, en el centro de California, propuso la legislación el año pasado, para servir mejor al creciente número de californianos que utilizan estampillas para alimentos y para fomentar una manera de comer saludable. Hace 25 años que conozco a Arambula. Es un hombre decente y tiene buenas intenciones. Pero hay que observar el cuadro general y este asunto es más complicado de lo que parece.
Una de las complicaciones radica en el hecho de que muchos de los mercados de agricultores son negocios que sólo reciben efectivo, que operan en campos, cobertizos o estacionamientos que carecen de electricidad. Existen máquinas inalámbricas para leer tarjetas que podrían usarse, pero no son baratos. Las unidades pueden costar unos 1.000 dólares.
¿Y se preguntan por qué obtuvo California su reputación de colocar cargas sobre los negocios, hasta el punto de que éstos crucen la frontera del estado y se escapen a Nevada, Arizona, Colorado o Texas? Ahora saben por qué.
Por supuesto, no es sólo California. Según The Associated Press, legisladores de Texas, Vermont, Indiana y otros estados también han propuesto leyes para facilitar que los mercados de agricultores obtengan y utilicen estas máquinas EBT, a fin de poder aceptar estampillas para alimentos.
Lo siento, me perdí. ¿Por qué estamos haciendo todo esto? Ah, sí, para que la gente que recibe estampillas para alimentos pueda comprar en los mercados de agricultores junto con otra gente que trabaja para mantener a su familia, gana un salario y compra vegetales con el dinero en efectivo por el que ha trabajado tan tenazmente. Después de todo, los defensores de la ley nos dicen, tener ingresos más bajos no debería conducir automáticamente a la obesidad y a otros problemas de salud relacionados con una nutrición deficiente.
De acuerdo. Pero ¿significa esto que no hay frutas y vegetales en los más de 20.000 supermercados y tiendas de alimentos de California, la mayoría de los cuales aceptan estampillas para alimentos? No, en la mayoría de los casos, hay estantes de vegetales y frutas en esos establecimientos. Es que, nos dicen, los productos no son siempre tan frescos como los que se encuentran en los mercados de agricultores.
Comprendo. ¿Y ése es un inconveniente para los que reciben estampillas para alimentos? ¿Tanto como es un inconveniente para el resto de nosotros alimentar no sólo a nuestros propios hijos sino también —por medio del sistema fiscal confiscatorio del país— a los de los otros?
No es que esté en contra de alimentar a los niños. Es una causa valiosa. Pero espero que, en un mundo perfecto, la responsabilidad caiga sobre los hombros de los padres de esos niños y no sobre el resto de la sociedad. También espero que, cuando los padres evitan su responsabilidad, no lo fomentemos asumiéndola nosotros.
Si a los de California o de otro estado les molesta tanto no poder comprar en mercados de agricultores, quizás decidan que no les gusta recibir estampillas para alimentos, después de todo.
Bien. Me alegro de oírlo. No se supone que les tiene que gustar. De hecho, se supone que les debe desagradar recibir cualquier formar de asistencia pública, tanto que están impacientes por dejar de recibirla. En esa forma, el sistema es temporal, y no algo que se pasa de una a otra generación. Cometimos un error cuando tratamos de eliminar el estigma de programas como éstos, y ahora estamos acentuando ese error al tratar de lograr que la gente se sienta más cómoda y que le sea más fácil estar bajo la tutela permanente del estado.
En esta dura época económica, muchos californianos temen perder sus puestos de trabajo, sus hogares o el seguro médico. Pero, si confundimos propagar compasión con fomentar la dependencia, debemos tener cuidado también de no perder algo que es igualmente importante: nuestros valores.
(c) 2010, The San Diego Union-Tribune
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