En 3 minutos y con linterna
Por Delsa Solórzano
A los presidentes hay que escucharles sus palabras, pues con ellas marcan camino. Con ellas indican qué tienen en el cerebro. A lo largo de estos casi 11 años de mal gobierno con olor y sabor a eternidad, el presidente Chávez ha establecido unos códigos lingüísticos en extremo reveladores de lo que desea para Venezuela. No es cuestión sólo de lo soez y vulgar que es su habla, sino de cómo eso condiciona la ejecutoria gubernamental.
Del "esta noche te doy lo tuyo", que derivó en el divorcio de la pareja presidencial, pasando por bautizar a un celular con el grosero nombre de "vergatario", hasta el asunto de ir al baño con linterna, Chávez se ha encargado de nutrir la bitácora de su Gobierno con frases a cuál más denigrante.
Creo, y así lo sostengo, que las vulgaridades de Chávez cumplen doble propósito. En primer lugar, convertirlo en foco de atención. No ha pasado ni media hora desde que Chávez espete alguna de las suyas, para que medio país esté repitiendo la frase, haciendo cancioncitas o comentándolo en cafés, areperas y botiquines, y atribuyendo a lo dicho por el Presidente características jocosas y simpáticas. Eso, aun sin darnos cuenta, nos pone en situación de ser los bufones. Pero, en un segundo lugar que estimo mucho más importante, se desvía la atención y los temas más relevantes pasan a segundo plano en esta película que es un culebrón. Lo de Chávez es convertir la película en un show, en un espectáculo.
Pero la realidad es roja, muy roja. Chávez obsequia, con generosidad, fortunas a sus amigotes. Ese dinero no es de él, pero igual lo regala.
Gasta montañas de dinero a nuestras costillas en sus trajes y afeites. Derrocha sin parar, zambulléndonos en el absurdo de tener un satélite en el espacio sideral mientras se conmina a la población a bañarse con totuma en tan sólo tres minutos y a soportar los rigores de los racionamientos de electricidad. En el mundo entero se habla de Chávez con sorna, y a los venezolanos se nos tiene lástima.
Entre tanto, el lío con Colombia se agrava día con día. Chávez manda mover tropas y cierra la frontera cuando le da la gana, causando pérdidas multimillonarias a los comerciantes y al país. Este año en Europa celebran con gran entusiasmo los veinte años desde la caída del Muro de Berlín, y Chávez va de a poquito construyendo un muro entre Venezuela y Colombia.
La política exterior de Venezuela depende exclusivamente de los ataques de rabia y furia que le den al Presidente.
Que al mandamás de Miraflores tal situación no le avergüence no puede sorprendernos. Al fin y al cabo, el cerebro de Chávez es como lo que tienen adentro las totumas, inservible.
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