La burocracia de Chávez
Por Oswaldo Barreto
En el tenaz y atrabiliario cumplimiento de sus funciones como presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, nos ha mostrado su voluntad de ejercer sin fallas ni reparos su doble condición de Jefe de Estado y de Comandante supremo de las Fuerzas Armadas.
Voluntad que va más allá de su sometimiento a lo que formalmente pautan la Constitución y las leyes, y se empeña en hacerse efectiva, convirtiéndose en el Jefe de todos los poderes del Estado y en el Comandante único de todas las armas que componen la Fuerza Armada.
La historia de su gobierno y, en cierto modo de la nación entera en su última década, es la historia de esta doble búsqueda. El cuerpo y el espíritu de este proceso en el plano militar nos son bien conocidos.
Por un lado, creación de una sola fuerza nacional que engloba las cuatro armas tradicionales y las milicias, nueva fracción militar inventada en todas sus piezas por el Presidente.
Por el otro, politización e ideologización de la Fuerza Armada que, de "nacional" (esto es sin matiz político o ideológico alguno) deviene fuerza bolivariana, esto es, chavista.
Proceso en el campo que el Presidente ha tratado de consolidar creando los mecanismos que permitan la exclusión en cualquier arma y a cualquier nivel de quienes no aparenten adhesión plena al nuevo espíritu que se le ha asignado al estamento.
Y en el plano de la vida política, en el cumplimiento de sus funciones como Jefe de Estado, el proceso similar nos es igualmente conocido. Asalto a la autonomía e interdependencia de los poderes del Estado e imposición de hecho de un poder único y, transformación, ya no del aparato armado del Estado, sino del aparato civil en que se sustenta el estado, esto es transformación de la burocracia pública en una burocracia, no nacional, sino chavista.
Puede pensar, con soberbia y ligereza, Hugo Chávez que su empresa está acabado en los dos planos. Aparentemente se encuentra con Fuerzas Armadas donde tropa y oficiales le son plena y totalmente leales y están dispuestas a obedecerle en la ejecución de sus planes.
Puede pensar, de igual manera, respecto a la dócil mentalidad de los tres o cuatro millones de personas que trabajan al servicio de su estado que los tiene todos y en todo a su disposición.
Pero lecciones de la historia y experiencias vividas por nuestro propio pueblo en estos diez años, podrían procurar al presidente otras enseñanzas y otra visión de su propio gobierno. Los ejércitos, temple y disposición de tropas y oficiales, no surgen de la nada.
Y lo mismo ocurre con la burocracia, cuyos vicios y virtudes se forman a lo largo, no de períodos presidenciales, sino a lo largo de generaciones. Lo que valen sus tropas, Chávez lo verá en guerras que, afortunadamente, no ocurrirán.
Lo que vale su boliburocracia lo estamos viendo en las áreas de la salud, de la seguridad y la educación, así como en las otras áreas no menos vitales de la producción y distribución de energía, agua y alimentos.
Resultados independientes de la voluntad de Chávez y de la propia buena voluntad de quienes conforman esta nueva burocracia.
- 28 de septiembre, 2026
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