Panamazuela
Por Antonio María Delgado
Conduciendo con total tranquilidad en la soleada Ciudad de Panamá, Carlos Pérez (quien pidió no revelar su verdadero apellido) cuenta cómo la decisión de abandonar a su nativa Caracas con su familia fue una de sus mejores apuestas. No por el dinero. El joven asesor de empresas y su esposa (una doctora) aún no se estabilizan financieramente porque están lejos de la comodidad con que vivían, pero sí en materia de salubridad mental, ya que a diferencia de lo que sucede en Venezuela, en Panamá se vive sin miedo.
"El estrés nos estaba enfermando", dice Carlos recordando sus últimos meses en Caracas. "Se estaba cerrando el círculo entre nosotros. Cada vez eran más las personas secuestradas u hostigadas por los círculos bolivarianos del gobierno, o que tenían un familiar cercano asesinado para quitarle el carro. Afortunadamente, a nosotros no nos había pasado nada, pero era cada vez mayor la sensación de que nuestro número estaba por salir".
Antes que eso pasara, Carlos dice que decidieron salir ellos. Y como ellos, son decenas de miles los venezolanos que están abandonando el país para buscar refugio en Panamá, en una masiva fuga de cerebros y de capitales que brinda obvios beneficios al país centroamericano, pero que ensombrece aún más los prospectos de desarrollo de Venezuela a largo plazo.
"Desde 2005 y 2006 se produjeron olas de inmigración de venezolanos, las mayores de ellas en 2006 y 2007, produciéndose un receso en 2008, pero ahora en 2009 comienza a producirse un nuevo movimiento", dice Juan Francisco Pardini, presidente y CEO de BusinessPanama Group, conjunto de compañías dedicados a atender las necesidades de las empresas, inversionistas y a los inmigrantes que ingresan al país.
Y los venezolanos traen su dinero con ellos. Según cifras de la Superintendencia de Bancos de Panamá, inversionistas venezolanos tenían depositados en los bancos de ese país unos US$1.400 millones de dólares, monto que no incluye los cientos de millones de dólares que los expatriados ya invirtieron en la adquisición de propiedades de bienes raíces en el país.
En tanto, las inversiones de venezolanos en la Zona Libre de Colón suman US$ 2.500 millones al año, al tiempo que cada vez es mayor el número de compañías venezolanas que optan por establecer sus operaciones administrativas en el país, aprovechándose de las previsiones de las leyes panameñas que exoneran del cobro de impuestos a compañías establecidas localmente, pero cuyos ingresos son generados en el exterior.
Pardini dice que los venezolanos están emigrando a Panamá por varias razones, incluyendo servicios bancarios de primera clase (entre ellos hay dos de los mayores bancos de su país de origen), la relativa facilidad para conseguir la autorización migratoria para quedarse en el país (la visa de inversionista puede ser obtenida con la compra de un apartamento de US$ 300.000, o con la inversión de US$ 80.000 en un proyecto de reforestación, o en el caso de jubilados, con sólo demostrar ingresos por US$ 500 al mes), y porque a diferencia de Estados Unidos en Panamá se habla el español.
De la misma manera, los empresarios también están siendo atraídos por las ventajas que brinda operar desde el canal, la estabilidad económica y política del país, y los considerables incentivos fiscales y beneficios que brinda el gobierno.
"El venezolano está viniendo acá en busca de su seguridad personal y la de su familia", dice Pardini, cuyo grupo de empresas brindan servicios desde asesoría legal, hasta servicios de banca de inversión y de agencia inmobiliaria. Entre su larga clientela, BusinesPanama ha atendido a cientos de venezolanos en los últimos años.
La seguridad personal pesa fuerte en la mente de los venezolanos debido a que el país se convirtió en los últimos 10 años en un lugar muy peligroso donde vivir. Según un estudio elaborado recientemente por la Unesco, Venezuela registró el mayor número de muertes por armas de fuego de los 57 países evaluados, superando por amplio margen a Brasil, país cuyo problema de inseguridad personal es conocido. "Venezuela se convirtió en uno de los más violentos países del mundo", dijo el autor del informe, Julio Jacobo Waiselfsz, en el documento.
Aunque las causas de la explosión delincuencial en Venezuela es motivo de debate -las teorías van desde desidia gubernamental hasta la politización de las fuerzas del orden público y el uso del auge delictivo con fines políticos (como mecanismo de acoso contra los acomodados sectores de la población que se oponen a la revolución del siglo XXI impulsada por el mandatario Hugo Chávez) - lo que sí está claro para el empresario venezolano es que no puede contar con la simpatía del gobierno.
Asdrúbal Oliveros, director de la firma de asesores económicos venezolanos Ecoanalítica, dice que la situación se vuelve cada vez más difícil para el empresariado venezolano, que está optando por mantener al mínimo su exposición en el país. "Hay un ambiente de incertidumbre política muy fuerte en el país. Tenemos un gobierno que no es amigo de la actividad privada y que viene incrementando toda una serie de políticas de cerco al sector privado y en ese ambiente lo que tenemos son empresas que buscan vender muy bien y una vez que obtienen esa ganancia la sacan del país y sólo reinvierten lo estrictamente necesario para mantener la operación".
Según Oliveros, ese cerco gubernamental está llevando al empresariado a diversificarse y a buscar nuevos mercados donde operar, ya que el mercado local, aunque es rentable, viene acompañado de un elevado riesgo. Y esa situación está beneficiando a países como Panamá que recibe a los empresarios que huyen de Chávez y sus inversiones con los brazos abiertos.
Roberto H. Sifon Arévalo, el analista principal para Panamá y Venezuela del grupo de Deuda Soberana de Standard & Poor's, dice que el fuerte flujo de empresarios y de inversiones venezolanos están ayudando a suavizar el impacto de la crisis en la nación centroamericana, cuyo PIB es uno de los pocos que tienen previsto crecer este año.
"Este influjo de venezolano ha tenido un impacto muy importante en el país, los ha ayudado muchísimo", dice Sifon. "Gran parte de este boom inmobiliario que registraba el país era quién se iba a quedar en estos apartamentos, pero el país tiene allí un pool de gente que está viniendo y ayuda a evitar que el sector inmobiliario colapse como otros mercados lo han hecho en la crisis".
Los precios de las viviendas de hecho han bajado en los numerosos condominios construidos en Panamá en el último año, pero el impacto de la crisis habría sido peor de no haberse mantenido el fuerte flujo de venezolanos.
Pero los venezolanos no sólo están ayudando a sostener el mercado inmobiliario. El traslado de nuevas empresas al país promete colaborar con la generación de nuevos empleos.
Pardini, cuya empresa ayudó a varias empresas venezolanas a trasladar sus operaciones a Panamá, dice que el proceso de mudanza se realiza por etapas. "Al principio sólo vinieron por razones de seguridad personal, para traer a sus familias, y en muchos casos el padre hacía una especie de commuting internacional, viajando de un país al otro. Pero luego pasaron a una segunda fase en la que aquellos que se mudaron por razones personales comenzaron a trasladar gradualmente la parte administrativa al país y ahora están tomando la decisión de también trasladar las operaciones su empresa, algunas de ellas con miras a reexportar a Venezuela", dice.
Para Carlos, la decisión de abandonar el país que hasta hace un año consideraba su hogar fue difícil y vino acompañada del elevado costo de dejar atrás a familiares y a amigos, pero el joven profesional sostiene que la decisión fue la correcta para él y para su familia. "Venezuela se ha vuelto insufrible. Muchos no lo saben, pero lo que tenemos en el país es una guerra".
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