Ley de medios “K”: el Gobierno no tiene legitimidad para plantearla
Por Jorge Sosa
“La región tiene que definir de una vez por todas qué tipo de sociedad queremos”, asegura Alvaro Vargas Llosa, periodista y escritor peruano.
Hipercrítico del populismo, fue noticia este año cuando en una visita a Venezuela fue demorado en el aeropuerto. De paso por Buenos Aires, donde participó de un evento encabezado por el ex presidente español José María Aznar, Vargas Llosa evaluó como “muy grave” el intento de la gestión de Cristina Kirchner de aprobar la nueva ley de Medios antes del 10 de diciembre, y consideró que no sólo afecta el proyecto la libertad de prensa “sino también la libertad de empresa”, porque se busca una concentración a manos del Gobierno.
Vargas Llosa, director del Centro para la Prosperidad Global del Independent Institute -e hijo del reconocido escritor-, entiende que Brasil no asume el liderazgo que debería ejercer en la región, y se esperanzó que de ganar en las próximas elecciones en Chile, el candidato de la centroderecha, Sebastián Piñera, consiga exportar el modelo de concertación al resto de América latina, a la que ve “desgarrada por dos corrientes” en pugna.
“Es un error ver las negociaciones en la Unasur como un fracaso por la situación puntual de Colombia -explica-. El caso de Colombia es sólo una manifestación que se da en muchos foros de la tensión que existe en América latina, de la contienda entre dos fuerzas, una que aboga por un modelo que es antioccidental, antiliberal, antidemocrático, o como quieran llamarlo, y otro sector que persigue, con errores por supuesto, avanzar en la dirección contraria. Esto se refleja en la OEA, en la Unasur, el Mercosur, la Comunidad Andina. En todos las organizaciones porque se trata de un problema continental. La forma de abordar esto es definiendo, de una vez por todas, el tipo de sociedad que queremos. Si América latina sigue desgarrada por estas dos corrientes, el efecto es paralizante.
¿Pero no es un poco difícil tener una visión única de sociedad en países con perspectivas y modelos muy diferentes, como es el caso de Brasil, por un lado, o Venezuela por otro?
Hay países que no toman el liderazgo que deberían tomar. Pienso en Brasil, por ejemplo. Un país gobernado por un partido de raíces marxistas, con Lula formado en el gremialismo, se esperaba una debacle económica con su llegada al poder. Y nada de eso ocurrió. Por su peso demográfico, económico y político, Brasil se convierte en un referente de la región. Pero no ha ejercido, no ha querido ejercer el liderazgo de la corriente modernizadora. Prefiere jugar en política exterior un juego más ambiguo.
Se lo reconoce como en camino de afianzarse como potencia…
Pero no actúa como potencia. No hablo de invadir países, sino de ejercer su liderazgo y su proyección internacional en la región. Esto nos hace mucho daño a quienes estamos en esta batalla, porque no podemos contar con Brasil activo y líder en esta lucha, con lo cual nuestra capacidad de ganar esta batalla es menor. Lo pongo como un ejemplo. Luego tenemos casos como Perú y Colombia, ambos con gobiernos que quisieran hacer más en el plano internacional porque ambos representan también -uno más de derecha, otro más de izquierda al menos en sus orígenes- a este sector modernizador.
Colombia está con la energía tomada por su conflicto interno, que es su prioridad lógicamente. Y Perú con cierto aislamiento, cercado desde Bolivia, cercado desde Venezuela que no está tan lejos, y con conflictos históricos siempre pendientes con Chile, puede hacer muy poco.
Y luego está México que nos queda un poco lejos, también con la prioridad puesta en su conflicto interno. Y del otro lado, están los otros, liderados por Venezuela, activos, solidarios entre ellos, nunca se desvían de su objetivo. Así es complicado definir un modelo para la región.
En la Argentina el oficialismo logró la aprobación en Diputados del proyecto de ley de Medios, con una fuerte polémica que se dio también recientemente en Venezuela, por la relación del gobierno con la prensa. ¿Cuál es su visión?
Es un tema muy grave. Primero de formas. Cuando un gobierno ya avanzado pierde una elección como la perdió este, no tiene la legitimidad para plantear un proyecto de esa envergadura. No digo que se tenga que ir a su casa. La democracia implica elecciones parciales que a veces se ganan y a veces se pierden. Pero le quita legitimidad para plantear algo tan transformador, desde el punto de vista negativo, para la libertad de expresión y en cierto sentido para la libertad de empresa.
Otro problema de formas es la manera en que se ha llevado a cabo esto, tratando de imponerlo antes del 10 de diciembre, cuando asume el Congreso surgido de la última elección. Eso también implica una entraña antidemocrática.
Y luego el tema de fondo, que es grave, que tiene ecos y resabios del proyecto venezolano. Su objetivo es muy loable, como desmonopolizar y evitar la concentración mediática. Pero la forma de hacer eso es eliminando trabas a la libre competencia, a las subvenciones o intervenciones del Estado que impliquen ganadores y perdedores. La forma no es expropiar a ciertos grupos económicos para permitir que surjan otros grupos económicos al amparo del poder. En el caso de grupos que deberían dejar sus licencias de televisión, lo que podría ocurrir es que esas licencias vayan a parar al Gobierno, porque el Gobierno va a controlar el organismo encargado de otorgar esas licencias. Se está entonces desconcentrando propiedad privada para concentrar fabulosamente propiedad estatal. Y eso siempre es peligroso. Pero en el campo de la libertad de prensa es particularmente peligroso.
¿Usted cree entonces que está amenazada la libertad de expresión?
Veo un serio riesgo. Desde 2003 hasta ahora, el Gobierno en este campo ha actuado de modo inquietante. Si ahora se le suma el poder de injerencia que van a tener en el mundo de los medios, no hay que ser demasiado avispado para darse cuenta que el peligro es muy grande.
Estamos en vísperas de elecciones en Chile y Uruguay, con intentos además de reelecciones en otros países. ¿Cuál cree que será la tendencia en la región? ¿Seguirá orientada a la centroizquierda?
Lo de Chile es muy importante, porque tiene el ejemplo político de la concertación, algo que nos falta en muchos países. El consenso les otorgó mucha previsibilidad y solidez. La derecha se democratizó y ahora falta que la centroderecha demuestre en el gobierno que el fantasma de Pinochet quedó atrás, y que de ahora en más no importa que gobierne la izquierda o la derecha en lo básico. Esa es la grandeza del caso de Chile, un modelo de concertación que es una lástima que no se haya proyectado al resto de la región. Espero que si gana (Sebastián) Piñera la elecciones, y parece que puede hacerlo, en los próximos años pueda exportar ese modelo a nuestro continente.
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