Batería baja
Por Antonio María Delgado
La sensación de urgencia ha menguado. Los pronósticos de crecimiento económico en América Latina se han venido a menos, y con ello, la aparente necesidad que llevó a la región a emprender los voluminosos proyectos para ampliar su infraestructura eléctrica.
"Es un escenario muy distinto al que nos encontrábamos hace unos meses", dice Philippe Benoit, gerente de la Sección de Energía para América Latina y el Caribe del Banco Mundial. "Hace un año, nos encontrábamos en una situación en la que la región venía creciendo sustancialmente desde hacía ya varios años y la demanda de electricidad tenía previsto crecer a un ritmo de 5% al año. Para satisfacer esa futura demanda (equivalente a unos 10.000 megavatios al año) se necesitaban inversiones anuales de unos US$ 20.000 millones".
Hoy esas presiones han cedido. La crisis financiera internacional amenaza con estancar el ritmo de crecimiento económico de la región por los próximos dos años, con pronósticos de una contracción de 1,2% del PIB regional este año y un crecimiento de igual proporción para el 2010, lo que reduce la presión sobre los gobiernos y las empresas privadas de mantener el mismo ritmo de inversión dentro del sector. Pero aún cuando el escenario podría ser visto como un alivio, expertos advierten que la región no debe dejarse seducir por un falso sentimiento de seguridad si no quiere llenarse de apagones y racionamientos en pocos años.
La crisis ha impactado a la industria desde dos frentes diferentes. Por un lado, ha restringido el capital disponible para financiar este tipo de proyectos. Los mercados internacionales siguen muy restringidos, las empresas privadas que operan en la industria han entrado en una modalidad de preservación de capital y los gobiernos -aunque algunos de ellos han prometido dar inicio a una serie de inversiones de infraestructura como parte de sus paquetes de medidas anticíclicas- comienzan a ver una importante disminución en la recaudación fiscal.
Y por el otro lado, hay una menor demanda derivada de una disminución en la actividad económica. "Esto reduce las presiones sobre los países para invertir en la expansión de su infraestructura eléctrica. Entonces, los países tienen menos dinero para invertir y una aparente menor necesidad para hacerlo", dice Benoit.
Sin embargo, pese a los expectativas de menor consumo, muchos países de la región no tienen una red de seguridad para solventar algún escenario de contingencia, lo que significa que en estos lugares los problemas de suministro están a una sequía de distancia.
"No es un estado de crisis, pero muchos países de la región viven una situación de emergencia", dice Ruy Varela, presidente de la firma de consultores energéticos Sigla. "Las reservas del sistema no son suficientes para afrontar contingencias tanto climáticas como técnicas, e incluso para enfrentar un crecimiento de la demanda que esté por encima de los niveles esperados".
Entre los países que enfrentan un mayor estado de vulnerabilidad está Argentina, la que ha sido golpeada por una sequía importante en la Cuenca del Paraná y que además cuenta con un inadecuado suministro de gas -durante el invierno, la oferta de gas apenas cubre las necesidades de calefacción-. A esto se suman las dificultades en los esfuerzos de integración energética en el Cono Sur.
"Es evidente que la integración ha fracasado", dice Varela. "No ha podido superar la prueba de ácido que (consiste en que) los proveedores de energía le den una mayor prioridad a la demanda extranjera que a la doméstica; se ha demostrado que eso no sucede. De modo que los países importadores se han dado cuenta de que no siempre pueden depender del suministro externo".
Por su parte, Brasil ha avanzado mucho en los procesos de licitación en lo que ellos llaman "Enegía Nueva". Inicialmente éstos estuvieron orientados hacia los aprovechamientos hidroeléctricos, donde ya se han concretado acuerdos importantes, pero ahora se han extendido al empleo de fuentes de energía renovables, como la eólica. A su vez, ha reducido su dependencia de la importación de combustibles para generar electricidad con el descubrimiento de nuevos yacimientos de gas y de petróleo.
Chile también está avanzando en el camino hacia la independencia con la construcción de dos terminales portuarios de gas licuado y se está esforzando por diversificar su matriz energética con plantas carboníferas.
Uno de los factores que beneficiaría a las empresas estatales y privadas que operan en la industria ha sido la caída en los últimos meses de los precios del petróleo. Aún en niveles históricamente elevados, una cotización de US$ 60 por barril es mejor para las compañías que queman combustibles fósiles para generar electricidad que uno de más de US$ 120.
"Los precios se han moderado y esto está haciendo que la situación sea más manejable", dice el analista de Standard & Poor's Jose Coballasi. "Es una situación que varía mucho de país en país, porque el impacto de los precios en los países productores como México no es el mismo que en los países consumidores, pero obviamente la caída en los precios ha ayudado a recortar los costos para muchas compañías".
No obstante, uno de los puntos negativos de la caída de los precios del petróleo es que obstaculiza los esfuerzos de la región por preservar energía, que en realidad brinda los mayores réditos porque la energía más barata de suministrar es la que no se consume, y la adopción de fuentes de energía renovables, incluyendo la solar, la eólica, la gotérmica y el uso de biocombustibles.
"Cuando los precios del petróleo superan los US$ 100, es obvio para los países no productores que es necesario invertir en otro tipo de fuentes, pero cuando caen a US$ 40, deja de ser tan obvio", dice Benoit del Banco Mundial.
También atenta contra esta tecnología el hecho de que la crisis ha reducido el financiamiento, ya que los proyectos de energía renovables requieren inversión que supera con creces los montos requeridos por la adopción de tecnología basada en combustibles fósiles. "Hay menos liquidez, y dado que este tipo de proyectos exige grandes inversiones, lo que estamos viendo a nivel mundial es una particular caída en inversiones de fuentes de energía renovables", advierte Benoit.
- 28 de septiembre, 2026
- 28 de septiembre, 2026
- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
Artículo de blog relacionados
Por Jorge Castro Perfil En el segundo trimestre del año la economía china...
22 de julio, 2007Fundación Atlas 1853 Acaba de darse a conocer la noticia...
12 de julio, 2015- 19 de enero, 2009
- 30 de abril, 2010












