Carta al Presidente Roberto Micheletti
Por Luis Enrique Pérez
Señor Roberto Micheletti, Presidente Constitucional de Honduras: Opino que la destitución del presidente Manuel Zelaya constituye un avance de la democracia de Honduras. Lo constituye porque, con fundamento en la suprema ley de la nación, que es la Constitución Política, fue ejercido el derecho, propio de una más perfecta democracia, que consiste en destituir a los gobernantes democráticamente electos, si transgreden la ley. La mejor democracia no garantiza el ejercicio delictivo e impune del poder del Estado.
Señor presidente Micheletti: Opino que la democracia avanza, no porque los ciudadanos toleran a los gobernantes que delinquen, so pretexto de que han sido electos democráticamente. Esa tolerancia es retroceso de la democracia. La democracia avanza porque esos gobernantes son legalmente destituidos, y hasta son sometidos a proceso judicial y condenados. Esa intolerancia es purificación de la democracia. Y opino que con la destitución del presidente Zelaya, la democracia hondureña ha avanzado; y surge como una luminosa esperanza de los pueblos que son víctimas de gobernantes que invocan la democracia para delinquir y disfrutar de impunidad.
Señor presidente Micheletti: Opino que destituir al presidente Zelaya no fue un golpe de Estado. La misma inaudita perseverancia del presidente Zelaya en delinquir, le confería urgencia a su ya demorada destitución. Destituirlo fue, entonces, un vindicativo acto jurídico, que interrumpió una ya prolongada transgresión del régimen legal de Honduras. Y si hubo golpe de Estado, el golpe lo había dado el presidente Zelaya. Y es un hecho, y no una interpretación, que el Ejército de Honduras ejecutó una orden de la Corte Suprema de Justicia; y la ejecutó con fundamento en la Constitución Política.
Señor presidente Micheletti: Opino que el pueblo hondureño es víctima de una furiosa embestida internacional o extranjera, y de un ataque pertinaz de la izquierda (que festejaría la destitución del presidente Zelaya, si él hubiera persistido en ser el presunto derechista que originalmente era). Es una embestida y un ataque que pretenden imponerle al pueblo hondureño una decisión política. Precisamente opino que la más grande amenaza que sufre Honduras es la intervención extranjera disimulada con artificios diplomáticos, para imponer, hasta con recursos militares, la restitución del ex presidente Zelaya. Confío en que su gobierno resistirá esa intervención.
Señor presidente Micheletti: Opino que la intervención del presidente de mi país, Álvaro Colom, en los asuntos internos de Honduras, es un abuso. Repudio esa intervención. Y no le solicito que disculpe ese abuso, que le ha costado decenas de millones de quetzales a la economía de nuestro país; pero lo exhorto a reconocer que el presidente Colom es un defensor de gobernantes que delinquen y un ofensor de países cuya democracia progresa.
Post scriptum. Es absurdo que el tolerado presidente Colom, que exhibe una formidable negligencia en ocuparse de los primordiales asuntos internos que le competen, pretenda pocuparse de asuntos internos de Honduras.
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