Daniel Ortega y Mahmoud Ahmadinejad, una extraña pareja
En enero de 2007, el presidente nicaragüense estrenó su mandato recibiendo a su par iraní en Managua. Desde entonces, el líder sandinista ha cultivado con entusiasmo la alianza con el régimen integrista iraní y se ha convertido en abogado del programa nuclear bélico de ese país en los foros internacionales
"Tenemos intereses comunes, enemigos comunes y objetivos comunes”, dijo Mahmud Ahmadinejad en su primera visita a Managua. "Las revoluciones de Irán y Nicaragua son casi gemelas", coincidió Daniel Ortega cuando visitó a su vez Teherán.
Sin embargo, no están del todo claras las razones de este acercamiento. Como tampoco están claros los beneficios políticos o económicos que puede obtener Nicaragua de una alianza diplomática con un país al que Washington acusa de patrocinar el terrorismo y de estar desarrollando armas nucleares.
La renta per cápita nicaragüense está entre las tres más bajas del hemisferio occidental, su deuda externa es importante y tiene acuciantes carencias de energía que obligan al racionamiento de electricidad. No puede por lo tanto descartarse que el factor económico haya sido el principal motor de esta alianza.
Entre los proyectos de infraestructura que Teherán ha prometido financiar en Nicaragua, se cuentan la construcción de puertos de aguas profundas, proyectos d energía y unas 10.000 viviendas populares.
Pero los mismos están aún lejos de materializarse, mientras que la afinidad con Irán puede aislar al gobierno de Ortega en la región además de alienarle otras posibles fuentes de cooperación.
Del lado iraní, los beneficios están más claros
El acercamiento con Nicaragua es un punto más de la red que empezó a tejerse en el año 2005, cuando asumió la presidencia Ahmadinejad. Al mejor estilo de la URSS en tiempos de la Guerra fría, Teherán inició desde entonces un trabajo de penetración en América Latina, aprovechando el surgimiento de regímenes populistas de izquierda, críticos de los Estados Unidos, para expandir su área de influencia en una región lejana.
Como forma de sortear el aislamiento en el que lo coloca la presión internacional –particularmente europea y norteamericana- contra su programa nuclear, Teherán ha logrado construir un eje anti estadounidense con Venezuela, al que progresivamente se han sumado Bolivia, Ecuador y Nicaragua. El régimen iraní encuentra en esos países latinoamericanos otras tantas tribunas para su discurso antiimperialista.
Además de apoyo para su programa nuclear, pudo también desarrollar una estructura comercial y financiera en la región.
Por ejemplo, al establecimiento de una conexión aérea semanal entre Caracas y Teherán, vía Damasco, se suma el acuerdo entre Nicaragua e Irán que creó un sistema de libre visado para diplomáticos de ambos países. Esto le ha permitido a Irán introducir a elementos del Cuerpo de Guardia Revolucionaria Islámica en Nicaragua, supuestamente con la finalidad de participar de los proyectos de cooperación prometidos, lo que les permite circular libremente por el territorio nicaragüense.
En síntesis, si bien no puede descartarse la afinidad ideológica, el cimiento del acercamiento entre un líder izquierdista populista como Ortega y uno autocrático teísta como Ahmadinejad es la necesidad de financiamiento del primero y la búsqueda por el segundo de una proyección internacional que ayude a romper el cerco constituido por la condena y las sanciones de Naciones Unidas a su programa nuclear.
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