Cuba es de los cubanos
Por Jorge A. Sanguinetty
Ante la parálisis del gobierno, a todas luces debido a la renuencia de Fidel Castro de permitirle a su hermano Raúl introducir algunas de las reformas que prometió después de convertirse digitalmente en el nuevo presidente de Cuba, los cubanos no tienen otra salida que tomar la iniciativa para sacar al país de su largo atolladero. No se trata ya de una sublime necesidad patriótica, ni de un esfuerzo épico en defensa de los derechos humanos, sino que es una cuestión de simple subsistencia.
¿Qué pueden hacer los cubanos en una situación como ésta? En un país comunista o socialista se puede suponer, por lo menos en teoría, que un órgano como el partido único o un organismo estatal pudiera hacerse eco de las necesidades de la población, aunque sean las más urgentes, pero no de una manera casuística, sino sistémica y generalizada. Se supone que la revolución cubana se hizo para favorecer al pueblo, para elevar sus niveles de vida y alcanzar las metas declaradas en materia de libertad y soberanía. Sin embargo, el partido comunista ni ningún órgano gubernamental parecen estar preparados o guiados para atender tales demandas o necesidades de los ciudadanos. Las encuestas que se hacen en Cuba indican que las necesidades de los cubanos van creciendo a medida que pasan los años, sin una esperanza de mejoría en el futuro cercano o lejano. Así continúan con una vida precaria en cuanto a niveles de consumo básico, muy por debajo de lo que pudiera considerarse suntuario, en materia de alimentación, vestimenta, transporte, viajes o vivienda. O sea, el gobierno, enormemente centralizado en una sola persona, ostenta un grado elevado de poder absoluto, mucho más eficaz en impedir que los cubanos tomen iniciativas que en gobernar constructivamente. De ahí que el aparato socialista de la planificación central ha sido muy ineficiente, al igual que las empresas estatales. Las empresas mixtas, por el contrario, aquéllas que pertenecen parcialmente a inversionistas extranjeros y cuyo régimen de propiedad en Cuba nunca ha sido transparente, parecen operar con niveles de eficiencia más elevados. Esta condición se debe a que tienen que generar recursos en divisa extranjera que van directamente a las cuentas manejadas por los niveles más altos del gobierno.
O sea, el ciudadano cubano individual, esté de acuerdo o no con el gobierno, no tiene influencia alguna en las cuestiones que lo afectan directamente, a él y a su familia. Se ha convertido en una especie de invitado indeseable en su propia casa. Se encuentra como en estado de ingravidez, sin un rumbo definido, sin dirección. O como una hoja suelta, sujeta a los cambios caprichosos del viento. En estas condiciones y estando los ciudadanos desposeídos de un poder mínimo o de instituciones que los representen, se enfrentan a dos grandes alternativas: rendirse a la desesperanza y quedar a expensas de las decisiones de los poderosos o percatarse de que Cuba es su país y su medio de subsistencia. Cuba es más que patria; es la posibilidad de la vida misma para los que moran en ella y nadie debiera funcionar como si fuese el amo y dueño absoluto de la misma. Poco a poco el país ha ido descendiendo de nación a bodega, peor que una simple finca o plantación. Las instituciones que tenía el país en 1959, malheridas pero recuperables, han ido desapareciendo para dar lugar a una forma muy primitiva de gobierno, donde el ciudadano no parece contar en el mejor de los casos, o donde se convierte en un estorbo en el peor de ellos.
¿Qué puede hacerse en condiciones tan adversas? ¿Cómo pueden los cubanos recuperar la propiedad de su país, ser dueños de su destino? ¿Cómo liberarse de la maldición que los condena a que sean otros los que deciden qué van a comer cada día, cuándo podrán comprarle zapatos nuevos a sus hijos o si pueden viajar o no cuando lo deseen? El primer paso que hay que dar y hay que darlo colectivamente, aunque sea en pequeños grupos y con objetivos modestos, es organizarse. La colaboración entre los cubanos es imprescindible para producir y comerciar, limpiar el barrio, reparar viviendas, ocupar los pequeños espacios no controlados por el gobierno donde todos pueden hacer alguna contribución. Esto es una labor de todos, incluso de aquellos que parecen estar identificados con la política oficial pero añoran cambios secretamente, a muchos niveles de la sociedad. Este es el desafío al que se enfrentan hoy los cubanos de la isla, todos, para zafarse pacientemente de las cuerdas que los amarran.
- 28 de septiembre, 2026
- 28 de septiembre, 2026
- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
Artículo de blog relacionados
Correo de Buenos Aires Es paradójico que en Argentina gobiernos democráticos violen las...
27 de agosto, 2008- 16 de mayo, 2018
The Wall Street Journal En noviembre de 2014, los líderes de Arabia Saudita...
8 de septiembre, 2015The Wall Street Journal Americas Tras un fallido viaje a Cuba para intentar...
3 de octubre, 2011













