General Obama Motors
Por Helen Aguirre Ferré
Diario Las Américas
Cualquiera diría que el Presidente se ha inscrito en las fuerzas armadas pero no, él se ha convertido en hombre de negocios sin abandonar su mando presidencial. Obama admite la intervención de su gobierno en la empresa General Motors (GM), pero ¿puede el gobierno separar la política del manejo de la empresa? Esa es una de las preguntas que se deben estar haciendo los dueños y acreedores de Ford y Chrysler, entre otras, quienes amanecieron hoy descubriendo que ahora tienen a Obama de competidor.
Difícil es que esta política no distorsione el mercado libre. Desde este lunes pasado, el gobierno es el dueño, banquero y regulador de GM. Ahora, los fabricantes de automóviles como la Ford, Chrysler, Toyota y otros tienen a Obama de competidor.
¿Quién no cree que van a hacer concesiones que favorezcan a los productos de GM por encima de los otros para salvar, si se puede, esta inversión de más de $50 mil millones? Ciertamente, los chinos no se lo creen y han dejado de comprar la deuda de Estados Unidos. Actualmente tienen el 10%, porque desconfían de la astucia de Obama con sus alocadas teorías Keynesianas que nunca funcionaron como lo prescrito. Mejor hubiese sido dejar que GM se acogiera a la protección del Capítulo 11 de bancarrota, como otras compañías en igualdad de circunstancias, para que se reorganizara como una compañía más compacta y eficiente.
Penosamente, el efecto neto de este “rescate” es la nacionalización de la compañía. Dice el Presidente que él no desea que el gobierno maneje la empresa, entonces ¿por qué comprar el 60% de la compañía? Para salvar, en parte, a uno de los baluartes de este gobierno, el poderoso sindicato United Auto Workers (UAW), quienes se adueñan del 18% de la empresa.
Su influencia ya se deja sentir. Según el Washington Post, una de las condiciones de la venta de la División Opel de la GM a compradores europeos es que no pueden exportar estos carros chicos y eficientes en el consumo de gasolina a los Estados Unidos. Esto hace poco por disimular una nueva era de proteccionismo.
El nuevo acuerdo del sindicato con la empresa no rebaja los sueldos, pensiones ni reajustes en el plan de salud que, según los informes al Congreso, en su totalidad llegan a $55 por hora que la empresa tiene que pagar por empleado. En tiempos de bonanza, ¡en hora buena! Pero en tiempos de crisis, es menos prudente. A lo mejor podrían haber salvado algunos empleos si hubiesen rebajado estos costos, pero políticamente parece no ser prudente. A la postre, la politiquería crea corrupción y es dañina para un mercado sano.
Según el Presidente Obama, su gobierno no interferirá en la re-estructuración y manejo diario de su nueva empresa pero eso no es cierto; ya reemplazaron al ejecutivo anterior Rick Wagoner a pesar de que se le sigue pagando el sueldo y aprobaron a Fritz Henderson como el nuevo CEO. GM no ha tenido ganancias desde el 2004 y según los documentos de bancarrota, obtenidos por la prensa, tiene $82 mil millones en bienes pero $172 mil millones en deudas. Hasta cierto punto, producen autos que no satisfacen el gusto, preferencias y limitaciones del mercado que pretenden servir. La buena competencia les ha sido feroz.
La quiebra de GM es la más grande en la historia del país, algo que se reconoce con tristeza. Era tan grande y respetada que se decía que “según va la General Motors, así va el país”. Si esto sigue siendo cierto, augura muy mal para los Estados Unidos.-
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