Una jornada electoral conmovedora
Por George Will
Diario de América
Hacia la media noche de hoy, millones de conservadores probablemente crean que la nación, encallando en los acantilados del pecado, está arruinada. Y millones de “progresistas,” envalentonados hasta el punto de suscribir la verdad de volver a llamarse progresistas, probablemente decidan que el cielo está al alcance de la mano, restablecida la nación como flor bajo aguacero de abril.
En todo caso, los cálculos políticos pueden arrojar luz las horas previas a la medianoche. De manera que mientras las cifras del martes se calculan, he aquí algunas referencias a considerar:
La Cámara de Representantes alberga en la actualidad a 235 Demócratas y 199 Republicanos; el Senado tiene 51 Demócratas (incluyendo a dos independientes que se incluyen con los Demócratas) y 49 Republicanos. Las pérdidas Republicanas del martes deberían medirse en el contexto de los resultados de dos desastres con una década de diferencia.
La victoria aplastante del Presidente Lyndon Johnson sobre Barry Goldwater en 1964 dio lugar a una Cámara con 295 Demócratas y 140 Republicanos, y a un Senado con 68 Demócratas y 32 Republicanos. Las elecciones al Congreso de 1974 post-Watergate dieron lugar a una Cámara con 291 Demócratas y 144 Republicanos, y un Senado con 60 Demócratas, 38 Republicanos, un independiente alineado con los Demócratas y un integrante del Partido Conservador que se unió a los Republicanos.
Cinco estados de la región del sureste — Carolina del Sur, Georgia, Alabama, Mississippi y Luisiana — votaron a Goldwater en 1964, la primera vez que se decantaron por los Republicanos desde la Reorganización, a excepción del voto de Luisiana a Dwight Eisenhower en 1956. En 1968, votaron a un candidato minoritario, George Wallace. En 1972, votaron por Richard Nixon en lugar de George McGovern. En 1976, votaron por Jimmy Carter, el Demócrata de Georgia, en lugar del Presidente Gerald Ford. En 1980, Carter volvió a ganar en Georgia, y obtuvo un promedio saneado del 47,3% de los votos en los otros cuatro. Desde entonces, solamente en dos ocasiones de cinco han votado Demócrata — Bill Clinton ganó en Georgia en 1992 y Luisiana en 1992 y 1996. Desde 1980, los candidatos presidenciales Demócratas apenas han promediado el 42,5% de los votos en los cinco estados. Mida los resultados de Barack Obama allí — sustentados en la creciente participación de los afroamericanos, que forman el 30% de las poblaciones de los cinco estados combinadas — con respecto a ese 42,5%.
Mississippi no ha elegido a un senador Demócrata en su primer mandato en 61 años (John Stennis en unas elecciones a una vacante en 1947). Este año, un titular Republicano en Mississippi, Roger Wicker, se ve amenazado por el ex gobernador Demócrata Ronnie Musgrove. En Georgia, el titular Republicano Saxby Chambliss es amenazado por Jim Martin. Si cualquiera de los titulares pierde, el reducto sureño de los Republicanos sufrirá crecientes grietas.
Once estados con 63 compromisarios no han votado Demócrata en las 10 elecciones desde 1964: Alaska, Utah, Wyoming, Idaho, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Oklahoma, Kansas, Nebraska, Indiana y Virginia. En vísperas de elecciones, Obama es competitivo en Virginia e Indiana, que Bush ganó en 2004 por márgenes de 8,2 y 20,7 puntos porcentuales, respectivamente. En Nebraska, que es uno de los dos estados (Maine es el otro) en asignar un compromisario al candidato que gana en cada distrito parlamentario, Obama podría ganar en el segundo distrito (Omaha). En 2004, George W. Bush derrotó a la John Kerry allí por 22 puntos porcentuales.
Siete estados con 60 compromisarios solamente han votado Demócrata en una ocasión desde 1964: Carolina del Norte, Carolina del Sur, Alabama, Mississippi, Montana, Colorado y Arizona. No será sorprendente si Obama gana en dos — Colorado y Carolina del Norte. En 2004, Bush se los llevó por 4,7 y 12,4 puntos porcentuales, respectivamente.
Los habitantes de Colorado y Nebraska votarán el martes las medidas legislativas para prohibir la discriminación positiva en el empleo público, la educación pública y la contratación pública, administrada por el gobierno. Los votantes han aprobado enfáticamente medidas así en California (1996), Washington (1998) y Michigan (2006). Si Colorado y Nebraska aprueban esas medidas, será prueba — no en contra, sino además de la candidatura Obama – de que los americanos están impacientes por dejar atrás la política racial.
La medida más radical a votación el martes se da en los comicios de Massachusetts. La Cuestión 1 suprimiría el impuesto estatal sobre la renta, que recauda 12.500 millones de dólares al año — más del 40% del presupuesto del estado. En 2002, una legislación parecida, aunque no muy debatida o destacada siquiera, obtuvo el 45% de los votos. La supresión del impuesto ahorraría al contribuyente promedio 3.600 dólares al año, una suma que parece aún mayor al reducirse paulatinamente los ahorros de jubilación de los contribuyentes.
Esta noche será caótica. Las elecciones son empresas estatales, de manera que no se espera que estén bien administradas, y a juzgar por las crecientes advertencias de que los arreglos electorales podrían ceder bajo el peso de predeciblemente elevadas cifras de participación, el día de las elecciones parece haber tomado por sorpresa a muchos gobiernos estatales y locales, una vez más. Sucesos tan aburridos, anticipados con seguridad, tendrían que ser aguantados filosóficamente.
© 2008, The Washington Post Writers Group
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