Encuentros que acaban siendo incómodos para los dictadores
Por Ángel Sastre
La Razón, Madrid
Buenos Aires – La historia de las cumbres iberoamericanas está marcada por el afán de protagonismo de dictadores como Fidel Castro o gobernantes populistas de corte “chavista”. Además de acaparar la atención de las cámaras y eclipsar a otros jefes de Estado, orientan las declaraciones finales hacía sus propios intereses. Sin embargo, no siempre les salió bien la jugada.
El primer ejemplo fue en la cumbre celebrada en 1993 en Salvador de Bahía (Brasil), donde en el documento final se pidió indirectamente el fin del embargo comercial estadounidense a Cuba, al expresar la necesidad de “la aplicación unilateral, por cualquier Estado, con fines políticos, de medidas de carácter económico y comercial contra otro Estado”. En la siguiente cumbre, celebrada en Cartagena de Indias (Colombia), aunque los mandatarios reiteraron su condena al embargo de EE UU, también solicitaron a Cuba su pronto retorno a la democracia. En 1999, en La Habana, “los ánimos castristas empezaban a calentarse” tras el encuentro que algunos mandatarios mantuvieron con disidentes cubanos. La respuesta del régimen cubano llegó un año después en Panamá, cuando se negó a firmar un pronunciamiento contra el terrorismo de ETA, por considerar que también debían repudiarse los “actos terroristas” contra la isla.
El desplante cubano llegó en la posterior cumbre en Lima. La conferencia en la cual Castro estuvo ausente por primera vez. En 2007, en Santiago de Chile, el testigo dejado por Fidel era recogido por Hugo Chávez que, esta vez sí, consiguió acaparar la atención de los medios, aunque no de la forma que él quisiera. Para disgusto de la anfitriona chilena Michelle Bachelet, el tema de más repercusión mediática fue el altercado verbal entre el Rey Juan Carlos de España y el presidente venezolano, con el famoso “¿por qué no te callas?”.
Durante la intervención, Chávez increpaba al presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero. En todo momento, Chávez se mantuvo escoltado a ambos lados por sus colegas de Nicaragua, Daniel Ortega, y Bolivia, Evo Morales, que también apuntan maneras. Pero el enfrentamiento abierto con el Rey y el Gobierno de España que el mandatario venezolano se encargó de mantener durante meses no causó el efecto de popularidad que esperaba, y acabó perdiendo su referéndum constitucional.
Con la lección aprendida este año, Chávez protagoniza “el plantón” de la cumbre en El Salvador. La excusa: sospecha que lo quieren matar. El mandatario exclamó: “Ahora mismo acabo de suspender mi viaje porque no se me garantiza la vida”.
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