Una cosa del pasado
Por Gina Montaner
El Nuevo Herald
La blogosfera ha muerto. Así lo ha determinado Paul Boutin, un articulista de la revista Wired cuya sentencia es que se trata de un género démodé, anclado en el 2004.
En esta época de vorágine internáutica y efímeras comunicaciones por medio del Blackberry, hablar del año 2004 es como emprender un viaje en el túnel del tiempo y regresar a las cavernas. Resulta ser que aquel novedoso fenómeno, una suerte de graffiti virtual en el que cualquier ser anónimo ”colgaba” sus pensamientos y opiniones estableciendo un diálogo con la aldea global, es hoy una expresión en vías de extinción. Tanto es así que, según este experto en tendencias, muchos blogueros famosos han vendido sus ”portales” para apuntarse a nuevas prácticas.
Todo indica que la frescura de los blogs ha desaparecido y muchos de estos dietarios en la red ahora tienen formatos de publicaciones elaboradas por profesionales de la escritura y no por espontáneos dispuestos a derramar sus pensamientos como si se tratara de un happening. Hoy en día los blogueros pierden mucho tiempo defendiéndose de feroces detractores que les mandan comentarios procaces y se enzarzan en interminables debates que parecen peleas a voces en un patio de vecindad.
Ahora el último grito lo constituyen el fenómeno de Facebook, YouTube, Flickr y Twitter. Inventos tan enigmáticos para mí como El Código DaVinci, pero que arrasan entre los muchachos y los no tan jóvenes que quieren seguir siéndolo participando de una red social universal en la que todos están al tanto de la vida de los otros con una compulsión maniática. La tribu de Facebook ”publica” sus estados de ánimo, sus relaciones, sus fobias y sus filias. La gente más insospechada, incluso individuos a los que se les había dado esquinazo, reaparece de las tinieblas del pasado. En los centros laborales los empleados fisgonean en las actividades privadas de sus colegas revisando los testimonios gráficos de sus juergas, sus viajes o el más reciente enamoramiento.
En realidad, en esta década prodigiosa de avances tecnológicos no hay tal cosa como la privacidad porque el colectivo imita sus programas favoritos, los reality shows, en los que la vida de los participantes discurre en una gran pecera para disfrute y morbo de los televidentes. Todos queremos ser parte de esta galería instantánea que en horario continuo ubica las vidas ajenas en la pantalla del ordenador o del teléfono móvil. Para qué ir al cine si uno puede vivir en la turbulencia de amigos y amigas que incesantemente desfilan ante tus ojos como una telenovela sin fin.
Son millones de personas las que cada día y cada noche colocan y descolocan sus Facebooks o sus Flickr con nuevos vídeos, fotos, eslogans, máximas y chats que sólo son interrumpidos por las obligaciones del trabajo y del hogar. Una vez que se deshacen de estos fastidiosos menesteres vuelven a encerrarse en su burbuja, dándole la bienvenida a nuevos ”amigos” o negándoles el ingreso a sus vidas a aspirantes a ”amigos” que guardan cola en la fila virtual de los que no quieren perderse el baile de una multitud.
Hace poco un conocido me aconsejó que si quería ”estar en algo” debía armar un blog con mis impresiones acerca de la actualidad. Por un momento pensé que a lo mejor tenía razón y que me había quedado atrás, aferrada a los mensajes del correo electrónico como único vestigio de lo que un día fueron las cartas que llegaban en sobres. La verdad es que me provocaba una pereza infinita entregarme al ejercicio generalmente narcisista del bloguero inspirado. A los pocos días leí el artículo del señor Boutin y sentí que me había quitado un gran peso. No hay nada qué hacer. Hace mucho que había perdido el tren y en la novísima galaxia no había rastros de mi persona: inexistente y sin huellas dactilares en la Gattaca de Facebook. Como los blogs, yo también había pasado de moda. Mi alivio fue doble.
© Firmas Press
- 28 de septiembre, 2026
- 28 de septiembre, 2026
- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
Artículo de blog relacionados
Instituto Juan de Mariana Íñigo Errejón, número dos y uno de los...
8 de mayo, 2016- 16 de enero, 2010
- 1 de diciembre, 2011
- 17 de junio, 2009











