Meditaciones sobre Estado y gobierno
Por Luis Enrique Pérez
Siglo XXI
Los gobernantes ansían la máxima sumisión de los gobernados. Los gobernados ansían la máxima libertad. El estado ideal de los gobernantes es la tiranía, o gobierno no sometido a ley alguna. El estado ideal de los gobernados es el libertinaje, o libertad ansiosa de ilimitación. ¿Cómo reducir el riesgo de tiranía o de libertinaje, o de incompatibilidad entre gobierno y libertad?
El gobierno es necesario. Oponerse a un mal gobierno no es oponerse a que haya gobierno, del mismo modo que oponerse a ingerir un mortífero alimento tóxico no es oponerse a comer. Un buen gobierno es aquel que cumple idóneamente la función que le compete cumplir. ¿Cómo reducir el riesgo de un mal gobierno?
El mejor gobierno no es aquel que menos gobierna, del mismo modo que la mejor medicina no es aquella que menos cura. El mejor gobierno es aquel que más idóneamente cumple la función que le compete cumplir, es decir, gobernar; y el peor es aquel que cumple menos idóneamente esa función. ¿Cómo reducir el riesgo de que un gobierno sea el peor gobierno?
El gobierno no debe ejercer el poder del Estado para transgredir el derecho de la mayoría, so pretexto del interés de la minoría; ni para transgredir el derecho de la minoría, so pretexto del interés de la mayoría. El derecho no debe ser derecho de mayorías o de minorías, sino del ciudadano sólo porque es ciudadano.
¿Cómo reducir el riesgo de que el poder del Estado pueda ser ejercido para transgredir el derecho, so pretexto de mayorías o minorías?
El poder adjudicado a los gobernantes no corrompe, ni relativa ni absolutamente, porque no tiene alguna mágica propiedad corruptora, del mismo modo que un arma de fuego no tiene alguna mágica propiedad homicida. Empero, el poder del Estado puede ser ejercido de modo corrupto. ¿Cómo reducir el riesgo de que pueda ser ejercido de ese modo?
No hay intereses públicos sino sólo funciones públicas desempeñadas por seres humanos que tienen inevitables intereses privados. Los gobernantes tienen, entonces, intereses tan privados como los intereses de los gobernados; pero hay una cuantiosa diferencia: pueden ejercer el poder del Estado para satisfacer ilícitamente esos intereses. ¿Cómo reducir el riesgo de ejercer el poder del Estado para procurar esa ilícita satisfacción?
Quienes gobiernan no necesariamente son los más inteligentes, o los más aptos, o los más honestos para gobernar. Pueden ser los más imbéciles, los más ineptos, o los más deshonestos. ¿Cómo reducir el riesgo de imbecilidad, ineptitud y deshonestidad de los gobernantes?
El gobierno no es un mal necesario; pero parece un bien imposible. Si no es un mal necesario, entonces es un mal innecesario. Y si parece un bien imposible, esa apariencia puede ocultar un bien posible. Empero, es sensato sospechar que tenderá más a ser un mal que a ser un bien, porque ejercer el poder del Estado será una seductora oportunidad de satisfacer ilícitos intereses privados de los gobernantes. ¿Cómo reducir el riesgo de esa tendencia?
Post scriptum. El peor vicio civil de un pueblo es tolerar un mal gobierno. La mejor virtud civil es derrocarlo. Someterse a un mal gobierno jamás será mejor que rebelarse hasta aniquilarlo.
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