Los empleados públicos italianos comienzan a sentir el “efecto Brunetta”
Por Emilio J. Cárdenas
Fundación Futuro Argentino
El gobierno centrista italiano del Premier Berlusconi tiene hoy una amplia y eficiente mayoría parlamentaria. Por esto puede modificar normas y comenzar a modernizar a Italia con alguna facilidad. Incluyendo a su sector público que, como el nuestro, está infectado por los abusos laborales. Por ejemplo, sus empleados se “enferman”, a estar a las estadísticas, nada menos que el doble que los empleados del sector privado. Grotesco, por cierto. Pero el que siempre paga los platos rotos frente a esta realidad es el ciudadano común al que, situaciones como la referida, obligan a tener servicios públicos que están ciertamente muy lejos del ideal.
Hasta hace pocas semanas dar de baja o disciplinar a un empleado público era una tarea imposible en Italia. Algo parecido ocurre ciertamente entre nosotros, donde los privilegios de quienes trabajan para el sector público son bastante parecidos. Tan es así que muchos empleados de ese particular sector de la economía (no todos) -exprimido constantemente por los políticos populistas, que lo usan para conferir dádivas y ganar lealtades- creen sinceramente que tienen un empleo garantizado, de por vida. Contra viento, indisciplina y marea. Contra todo, incluidas sus propias faltas de conducta.
Italia ha comenzado ahora a cambiar. De la mano de Renato Brunetta. Un ex profesor de economía laboral de la “Universidad Tor Vergata”, de Roma, hoy Ministro de Administración Pública e Innovación de Berlusconi.
Paso a paso las normas que gobiernan la relación laboral en el ámbito del Estado han ido ajustando las cosas y permitiendo castigar a los tramposos. Especialmente a los fanulloni, esto es a quienes simplemente van a cobrar, sin trabajar, como ocurre con nuestros ñoquis.
Un solo mes después del reciente ajuste normativo, en julio entonces, la caída de los empleados públicos que sostienen estar enfermos y no poder, por ello, concurrir al trabajo, fue de nada menos que el 37%. Este es el llamado “efecto Brunetta”.
Por esto, como informa la prensa británica, aunque no sin un dejo de fina ironía, se acaba de despedir a un empleado de la Cámara de Diputados italiana que simplemente no iba a trabajar y a ocho empleados de los ferrocarriles del Estado que habían delegado en otro “fichar” en el reloj por ellos.
Hasta no hace mucho estas cosas no hubieran podido suceder. El empleo público era, en Italia, considerado como una suerte de garantía conferida a su titular por el Estado, de la cual nadie, luego de designado, podía ser privado. Por ningún concepto.
Las cosas cambian. A veces para bien. Nosotros -que estamos irresponsablemente designando cada vez más empleados públicos a todos los niveles de gobierno, lo que constituye efectivamente una inmensa carga, o una suerte de hipoteca sobre la sociedad toda, debiéramos empezar a caminar en la dirección de Brunetta: la de la sensatez. Y dejar de usar al empleo público para “dar de comer de la mano”, a cambio de votos.
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
- 28 de septiembre, 2026
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