Ecuador: ¿Estado policíaco?
Por Jorge Vivanco Mendieta
El Expreso de Guayaquil
La noticia de que el país había adquirido los equipos más sofisticados para información, incluyendo los de tecnología para interceptar conversaciones telefónicas, coincidió con el cambio del señor Benalcázar, marino retirado, de Secretario de Investigaciones para Secretario de nosequé. Pues desde entonces, se ha notado que aumentan los carros y policías de la seguridad presidencial, y hay un ambiente de sospecha y nerviosismo, al punto de que el Presidente observa, cuando transita por las calles de Quito quienes lo saludan y quienes le hacen malaseñas; cuando pesca a uno de estos últimos, para la caravana y ordena la persecución policial que, a ciegas, se equivocan de “hombre”.
Todos sabemos también que en una dependencia gubernamental, existen carpetas que contienen currículum vitae de miles y miles de personas, particularmente políticos y periodistas; los datos están listos para ser utilizados oportunamente. El Presidente de la República que hacía gala hasta hace poco de confundirse con el pueblo y de guardar magníficas relaciones con un amplio grupo de amigos y aún de opositores, ahora está arisco y suspicaz. Solo se confunde con los indígenas, a quienes tiene mucho que ofrecer y, desde luego, se reduce el grupo de apoyo íntimo, a cuyos miembros, con razón, guarda toda confianza.
Dicen algunos colegas que cuando lo entrevistan al Presidente de la República, antes de comenzar el diálogo, una mano misteriosa le entrega una carpeta, que el mandatario abre y, sin duda, analiza los datos del periodista entrevistador, para comprobar si es de confianza y de cuidado. Así estamos llegando a un estado policíaco, con actitudes suspicaces, que ciertamente no propician el entendimiento y el respeto mutuo, mientras aumenta la actitud hostil y ofensiva del Presidente en sus famosos diálogos sabatinos.
No cometeré la candidez de dar una regla de conducta a nadie del Gobierno; pero como ciudadano y como periodista debo decir lo que todo el mundo observa: hay un aparato especializado en investigar a los ciudadanos, particularmente a los que se consideran de oposición; los casos son muy numerosos y las denuncias abundan.
Con motivo de los acontecimientos de la Universidad Católica de Guayaquil, muchos estudiantes que estuvieron pregonando el No, se han escondido; dicen que son perseguidos por la Policía, por los fiscales, y por los pesquisas, de quienes reciben amenazas muy graves; por ello no pueden ser entrevistados por los noticieros de televisión, se han autoimpuesto una prisión domiciliaria; y cuando los padres tienen dinero, los han enviado al exterior. ¡Pelucones! Pero no solo están bajo la amenaza de las acusaciones y las sospechas los estudiantes, sino los padres y los abuelos, a quienes acusa nada menos que de haber transmitido a través de sus genes y de su sangre, la maldad a sus hijos y nietos. He allí una exclamación verdaderamente increíble en un Presidente de la República. ¿Qué diablos tiene que hacer el hijo o el nieto con la conducta observada por sus padres y abuelos? Nada. Todo lo contrario, cada cual y por reacción natural, está orgulloso de sus ancestros, y la ofensa a la familia deja hondas huellas.
Y todo esto, cuando comienza a recrudecer la campaña por el referéndum, en la cual no solo se aprobará o rechazará el proyecto de constitución, sino las 30 disposiciones transitorias y sobre todo el régimen de transición, en donde está la pepa, que muchos no toman en cuenta, y se van a arrepentir.
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