Son todos brasileños
Por Danilo Arbilla
El Universal
Allá por la década del 70, los militares brasileños desde el poder realizaban una intensa propaganda de signo nacionalista. La identidad y el compromiso con Brasil como objetivo máximo y final, estaba por sobre cualquier otra cosa, aun por encima de la libertad y de la democracias ausentes en aquellos tiempos.
La televisión repetía un spot que mostraba a decenas de niños que bajaban de un omnibus. Eran rubios, morenos y con variados rasgos que los hacían muy diferentes. Conformaban un crisol de razas. Mientras se sucedían las imágenes, una voz en off advertía: “parecen diferentes, pero todos son brasileños”.
Esto no ha cambiado casi nada. Los brasileños solo miran por Brasil, y además tienen dos columnas inamovibles que enmarcan la conducta de sus gobiernos cualquiera sea su signo. Pueden ser de derecha, centro o izquierda, tanto da: Itamarati (RREE) y las Fuerzas Armadas siempre están allí para guiarlos y contenerlos, llegado el caso.
Quien pretendió ignorar esa realidad fue el ministro de Justicia Tarso Genro: se le ocurrió plantear hace unos pocos días la revisión de la ley de amnistía a los militares involucrados en violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar (1964-1985).
La idea, como era previsible, no prosperó. Militares retirados y en actividad repudiaron públicamente la iniciativa, la que calificaron de “extemporánea, inmoral y fuera de propósito”.
El propio presidente Lula regaño al ministro y anunció que el Ejecutivo no discutirá la interpretación o la revisión de la Ley de Amnistía. Pateó la pelota para el costado, dijo que era un tema judicial y que había que “aprender a considerar a nuestros muertos, estudiantes y obreros, como héroes y no más como víctimas de la dictadura”.
En el 2004 durante la reunión de presidentes suramericanos realizada en Cuzco, un colega le preguntó a Lula si iba a revisar lo hecho por la dictadura militar. Su respuesta, palabras más, palabras menos, fue que no estaba en el programa y resaltó que gracias a la industrialización del país concretada por el régimen militar pudo ser creado y existe el Partido de los Trabajadores, que él fundo y con el que llegó al poder.
Hace dos años, en una reunión de una Comisión de Derechos Humanos del Mercosur, se preguntó a los delegados brasileños, sobre la participación de las fuerzas armadas brasileñas en el “Plan Cóndor”, llevado a la práctica por las dictaduras militares de la región. La respuesta fue que los militares brasileños no fueron parte de ese plan. Cuando uno de los presentes le citó el caso de los militantes izquierdistas uruguayos Lilian Celiberti y Umersindo Rodríguez, detenidos en Porto Alegre por el ejército brasileño a pedido del ejército uruguayo, reiteraron la respuesta: los militares brasileños no tuvieron nada que ver con el Plan Cóndor.
Mientras, en la región, y en Argentina y el Uruguay muy especialmente, el tema revisionista sigue vigente y retoma fuerza día a día. Trasciende incluso los legítimos reclamos de familiares de desaparecidos y las imprescindibles investigaciones de crímenes y torturas, para fundamentar un esquema maniqueísta, y una forma de intolerancia macarthista, donde por un lado se trata de justificar errores e incapacidades y varias cosas más feas , con acusaciones u desautorizaciones remitiéndose a esas épocas pasadas. Ello ha facilitado incluso que hoy se erijan en “jueces” y “fiscales” figuras que estuvieron bastantes integradas a aquel paisaje de las dictaduras, que la pasaron bien, que nada hicieron, y que hoy son los mayores defensores de los derechos humanos. El matrimonio de Néstor y Cristina Kirchner es un caso emblemático -ellos se enriquecieron en Santa Cruz durante la dictadura militar y sin ningún problema ni roces con los jefes militares de su región- pero por supuesto que no es el único ejemplo.
Los brasileños lo hacen diferente, y aparentemente le da más resultados. Por lo menos el presidente del Supremo Tribunal Federal de Brasil, Gilmar Mendes, no tiene dudas de ello. Sobre el tema planteado por el ministro Genro, Mendes, máxima autoridad judicial de Brasil, dijo que la derogación de la amnistía ” traería inestabilidad institucional”.
Fue aún más explicito en sus declaraciones: “La inspiración de nuestros hermanos de América Latina no es la mejor. Tan es así que no produjeron estabilidad institucional. Por el contrario, se produjo bastante inestabilidad a lo largo de los tiempos”.
Con pocas palabras, Mendes marcó la diferencia.
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