La obra de Chávez
Por Juan Eduardo Azzini
El País, Montevideo
En medio de tantas charlas, insultos, abrazos e intervenciones en asuntos de otros países de la región, no se ha tomado cabal conocimiento de la verdadera situación económica y social de Venezuela.
Comenzando por las estatizaciones; desde principios de 2007, nacionalizó la Compañía Telecom CANTV, la de electricidad de Caracas, cementeras, siderúrgicas y lácteas entre otras. Pero la ineficiencia se aprecia tanto en la calidad de sus servicios como las pérdidas o baja importante de las utilidades anteriores.
Hubo por ello enorme cantidad de despidos y de emigrados de esas empresas, todos de alta especialización. Se estima que la emigración desde 2003, se acerca a las 400.000 personas, con tendencia creciente. Y ahora le tocó el turno a la nacionalización del poderoso Banco de Santander.
Esas operaciones determinaron que el endeudamiento externo sea de gran entidad. La transparencia no caracteriza esos “negocios”, los intermediarios, las comisiones, los sobreprecios y las vías informales de los negocios encarecen esas operaciones. Por otra parte, y a pesar de sus poderosas reservas de crudo, el país debe importar, en diversas mercaderías, más del 80% de lo que se necesita para consumos internos.
El gobierno maneja rígidamente la economía, fija el destino de las importaciones y los tipos de cambio, pero el FMI, al cual está estrechamente ligado el país (¡!) aconsejó el nuevo sistema de bandas.
Es que Chávez necesita el aval del FMI para cubrir su déficit con emisiones internacionales de bonos. El otro punto que observa el Fondo es el relativo a la inflación, que ya está por encima del 30%, y la necesidad de detener sus nuevos aumentos fiscales, lo que frenará más aún el poder adquisitivo, en una severa contracción económica, con alta inflación, desempleo y crecimiento de los gastos públicos. La cotización oficial del dólar resultaba de 2.15, mientras en el mercado negro pasó los 5.
En materia social el panorama es mucho peor. El nivel de desarrollo humano del B. Mundial es sólo de 0.87 a febrero de 2008. Los programas oficiales a favor de los más pobres van declinando, faltan médicos, se deterioran las instalaciones y equipos y escasean los medicamentos. El propio gobierno admite altos niveles de escasez de alimentos básicos, lo atribuye a “algunas deficiencias gubernamentales y a otras variables así como al acaparamiento”.
Y a todo esto se suma un tema que bien conocemos nosotros aquí: la inseguridad. Según las encuestas resulta la primera preocupación de los venezolanos. De acuerdo a cifras oficiales, los secuestros aumentaron un 50% en 2007 y siguen a igual ritmo en 2008. No existen datos concretos de personas vigiladas y detenidas por su oposición al gobierno y la prensa está duramente vigilada. Todo esto pesa sobre la pérdida de popularidad del gobierno tanto en el exterior como en lo interno, los expertos siguen emigrando aunque la oposición carece de expresión y de fuerza.
Nuevas “milicias” de confianza, ocupación de la propiedad privada, estímulo a delaciones, proscripciones a cargos públicos, y otras medidas al estilo de Orwell. Todo esto le da un poder dictatorial, mientas el pueblo sufre y pasa hambre y el jerarca exporta un supuesto modelo de revolución en el continente y sueña con ser el continuador de Castro.
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