¿El que los Republicanos estaban esperando?
Por Kathleen Parker
Diario de América
Redoble de tambores. Suspenso. ¿Quién será?
En este rincón de la lona, el Asaltante Mormón Mitt Romney. En la otra esquina, Bobby Cazatalentos Jindal.
En medio de las especulaciones en torno a que John McCain anunciará su elección a vicepresidente pronto, los inquietos de la vida política han empezado a hacer sus apuestas. Los favoritos incluyen al gobernador de Luisiana Jindal, con quien McCain se reúne el miércoles, y el ex gobernador de Massachusetts Romney, cuyo currículum es familiar.
¿Puede el antiguo enemigo de McCain convertirse en su nuevo mejor amigo?
Romney aportaría cualificaciones de limpieza más que evidentes y una imagen de juventud a la lista electoral. Encuestas nuevas realizadas en Michigan por Ayres, McHenry & Associates demuestran que Romney da a McCain un impulso significativo — “fuera de las estadísticas,” como alguien familiarizado con la encuesta aún sin difundir lo describía — y le hace competitivo en un estado que no ha votado a los Republicanos desde 1988. Mike Huckabee tuvo un escaso efecto sobre los resultados de la encuesta y el nombre del gobernador de Minnesota Tim Pawlenty tenía un valor apenas cuantificable.
Teniendo en cuenta la importancia de ese único estado, en donde hay en juego 17 votos electorales, Romney parecería la opción lógica. De nuevo entonces, tal como observan con frecuencia los conservadores, la lógica no siempre funciona con McCain, que parece disfrutar de hacer lo contrario a lo que intuye que la gente quiere que haga.
Aunque Jindal tiene menos fama, y aunque insiste en que no está interesado en la vacante a vicepresidente, tiene el viento a favor. De manera importante, es joven — y parece aún más joven. Si tuviera mejillas, querría pellizcárselas.
Espigado hasta el extremo, Jindal tiene el metabolismo de un colibrí y el tipo de intelecto que inquieta a los asesores presidenciales de Bush en política exterior. Señalado con frecuencia como el hombre más avispado de la sala, la mente de Jindal puede divagar acerca de cualquier cosa excepto la idea del descanso.
Como ventaja añadida, no es un blanco corriente. Hijo de inmigrantes indios, Jindal es a la vez el Barack Obama Republicano y el anti-Obama. Por goleada, es un conservador fiscal y social contrario al aborto que alcanzó la gobernación con la promesa de reformas tras el Katrina.
Mientras la entonces Gobernadora Kathleen Blanco decía al Presidente Bush que volvería a lo que necesitaba tras el huracán, Jindal orquestaba un sistema nacional de voluntarios de urgencia, agencias de voluntarios religiosos, comercios y camioneros para donar y repartir los suministros a los damnificados y sin hogar. Las historias afectadamente relatadas de su papel resuelto son el percal de futuras leyendas.
Ese espíritu de hacedor es el denominador común que discurre a lo largo de la vida de Jindal. Antes de convertirse en gobernador, ocupó un cargo público en la Cámara de Representantes. Antes de eso, fue nombrado secretario del Departamento de Salud y Hospitales de Luisiana, llevando la quiebra del programa Medicaid del estado de un déficit de 400 millones de dólares hasta un superávit de 220 millones. También ocupó el puesto de presidente administrativo de la Universidad de Luisiana.
Oh, y trajo al mundo a su tercer hijo cuando su esposa se despertó en mitad de la noche. Sí, pero ¿sabe hacer malabares con cuchillos?
En uno de sus desafíos más difíciles como gobernador, Jindal vetó una propuesta de ley que habría duplicado el salario de los legisladores del estado. Jindal se había opuesto al incremento desde hacía tiempo, pero también había prometido dejar a la Legislatura la gestión de sus asuntos. Atrapado entre dos fuegos, Jindal pecó del lado de la ética, admitiendo que había cometido un error al prometer demasiado.
“Como con todos los errores, puedes corregirlos o componerlos — elijo enmendar mi error ahora mismo,” decía Jindal en una conferencia de prensa.
¿Demasiado bueno para ser cierto? Puede, Si Jindal se acerca a la Casa Blanca, los americanos tendrán noticias de su conversión al catolicismo. Fue convencido en el instituto por una joven que le robó el corazón y le llevó a la cruz. En la universidad, fue testigo de, y escribió, sobre un exorcismo.
Aunque talentos así pueden ser necesarios en la capital de la nación, los conversos hindúes al catolicismo que admiten creer en demonios tienen que dar ciertas explicaciones.
Parece claro que Romney accedería a ser la mano derecha de McCain. Ha prestado su apoyo a McCain durante varios meses tras abandonar con gracia su propia candidatura a presidente.
Jindal es una decisión más difícil de tomar. Ha sido gobernador durante apenas seis meses y tiene una oportunidad única de crear una situación nueva, literalmente, de la nada. Políticamente, el efecto colateral sería significativo, dado que el vicegobernador Mitch Landrieu, Demócrata y hermano de la Senadora Mary Landrieu, ocuparía el puesto de Jindal.
Sostener la postura establecida le daría tiempo para adornar más sus credenciales ejecutivas al tiempo que cumple su compromiso con los votantes de Luisiana. El currículum de Jindal sugiere que ha sido siempre un hombre inquieto, pero no hay ninguna prisa para el gobernador más joven de la nación.
Cuando se es Bobby Jindal, la noche es realmente joven.
© 2008, The Washington Post Writers Group
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