Obama viene a Europa
Por Dario Valcárcel
ABC
Barack Obama vendrá a Europa dentro de pocos días. Francia, Alemania y Reino Unido, seguidos de Israel y Jordania. Algunos de sus asesores piden que visite en este viaje Irak y Afganistán, dos diferentes teatros de conflicto. Irak, guerra de elección, escogida por razones nunca explicadas, invasión querida sobre todo por el vicepresidente Dick Cheney, para hacerse con un gran productor de petróleo, se ha convertido en una guerra increíblemente cruel, con más de 300.000 muertos iraquíes, en su gran mayoría civiles desarmados, a los que hay que sumar más de 4.000 soldados americanos muertos y 23.000 heridos, muchos irrecuperables. Afganistán es distinto.
Estados Unidos es el principal aliado de la OTAN, pero los contingentes británicos, franceses, canadienses, alemanes, holandeses, españoles, representan, sumados, una gran parte de la fuerza expedicionaria. La amapola es base insustituible de la resistencia talibán, fundamentalista del negocio de la droga, como las FARC. La Alianza Atlántica ha decidido permanecer 500 años si fuera necesario. Una bomba en la estación de Atocha puede tener su origen en la florida tierra afgana. McCain y Obama mantienen sus posiciones relativamente próximas ante Afganistán.
Los dos candidatos girarán en redondo en materia exterior. Los dos decididos a asegurar y restaurar la dañada Alianza Atlántica. Dañada por la torpeza del presidente y el fanatismo de Dick Cheney. Obama y McCain saben que la Alianza es el resultado de un terrible seísmo, 1939-45. De la devastación de la Segunda Guerra mundial nació la Organización del Atlántico Norte. Y esa es, hoy, una plataforma difícil de sustituir.
Se repite desde hace siglos: la democracia clásica, sistema imperfecto, es menos imperfecto que los demás. La elección o el orden constitucional expulsan al mal gobernante. Los ocho años de pesadilla que para muchos, ciudadanos de los Estados Unidos o no, ha significado el segundo Bush, dan un sobresaliente en resistencia de materiales a la sociedad americana. Pocos pueblos resistirían invasiones, fabulaciones, prisiones y otros secretos, junto a la decadencia económica, la cadena de estafas hipotecarias y el retroceso en sanidad, educación y seguridad social.
Lo primero es lo primero: el nuevo pacto comienza por Europa, concretamente por los dos ejércitos medio-grandes, dotados de fuerza nuclear. Nicolas Sarkozy ha anunciado el regreso de Francia a la estructura militar de la OTAN, a condición de que Estados Unidos apoye, y no boicotee, una fuerza militar autónoma europea, aliada, pero no sirviente, del gigante americano. Un gigante al que un pueblo deshecho trae en jaque en las calles de Bagdad, Kerbala o Nasiriya desde hace cinco años. Los errores de concepción y diseño no pueden ser corregidos por aciertos de operación. Las ideas siguen gobernando, tanto o más que la fuerza.
La capacidad militar sin verdadera diplomacia no llega. Francia y Reino Unido necesitan pactar entre sí una alianza avanzada. Brown y Sarkozy lo saben. No pueden seguir tirando de unos presupuestos escasos sin llegar a un acuerdo: misma flota de transporte aéreo, mismos aviones cisterna, buques comunes, satélites comunes. Todo esto es fuente de ahorro y de eficiencia. Un estado mayor y un cuartel general europeo no significan un único ejército, como se dice con interesado simplismo.
El partido conservador británico parece, aquí, fuera de juego. Sólo a partir de una OTAN rejuvenecida, y debidamente limpiada, podrá plantearse una política verdaderamente nueva, ante un gran problema del mundo, no sólo mediterráneo, el enfrentamiento de 60 años entre palestinos e israelíes. Sarkozy ha conseguido reunir en París al presidente sirio, al primer ministro israelí y al representante de la autoridad palestina.
Obama se perfila como vencedor de la elección de noviembre, pero no hay ni la más remota seguridad de que sea así. Hay algo claro, McCain y Obama necesitan una aliada leal en Europa y eso sólo empieza por la alianza de franceses y británicos, con la ayuda del Alto Representante, Javier Solana. Sabemos que una Unión de 27 miembros es imposible de gobernar sin órganos de decisión más precisos, renovados. De ahí el Tratado de Lisboa. Pero esta es otra cuestión.
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