Paraguay: Un pie nicanorista pisando en el Congreso
Por Marcos Cáceres Amarilla
ABC Digital
La elección de las mesas directivas de ambas cámaras del Congreso motivó esta semana disgustos e incomodidades entre los sectores políticos aliados al gobierno de Fernando Lugo. Algunos se declararon abiertamente defraudados por las alianzas políticas que el nuevo mandatario eligió para tener la dichosa “gobernabilidad” en este primer año de mandato.
Sobre lo ocurrido en el Parlamento, una versión responsabiliza directamente a Lugo de haber operado, en acuerdo con Lino Oviedo y Nicanor Duarte Frutos, para designar una mesa directiva “pluralista” en la Cámara de Diputados, con la inclusión de un nicanorista, Mario Soto Estigarribia, como vicepresidente primero.
Conste que el cargo que ostenta desde ahora Soto Estigarribia es mucho más florero que la vicepresidencia de la República, porque su única función real será reemplazar de vez en cuando al presidente cuando salga de viaje o si va un ratito al baño. Puede que tenga alguna influencia en la preparación del orden del día de las sesiones, pero eso depende mucho de la autonomía y personalidad del presidente.
De todas formas, la presencia de Soto Estigarribia en una vicepresidencia representa un simbolismo enojoso porque es como si el ex Tendota hubiese puesto un pie dentro del Congreso, más allá de que él no tenga asegurado hasta ahora que podrá finalmente sentar su cuerpo en una banca del Senado. Algunos creen que el pacto es una señal inequívoca de que Nicanor podrá ser senador a la brevedad, más aún por el hecho de que un oviedista preside el Senado y podría llamar pronto a una sesión del Congreso para tratar su renuncia y luego convocarlo a jurar.
Si Nicanor puede renunciar y jurar antes del 15 de agosto, será muy difícil convencer a propios y extraños de que no hubo un pacto político de mayor alcance que la distribución de cargos en la Cámara de Diputados.
Otra discusión es hasta qué punto beneficiaría al gobierno de Lugo este guiño a Nicanor. Es obvio que en las condiciones actuales, el futuro ex presidente se constituye en un factor de conflicto dentro de su partido. Ayudarlo a él no significa estar ayudando a la recuperación del Partido Colorado. Más bien puede ser todo lo contrario.
Más allá de las especulaciones, la cuestión que aparentemente preocupa a los aliados de Lugo es el peso que tendrá el oviedismo en próximas decisiones políticas. No desean que Unace consolide un papel de árbitro que le permita imponer criterios al futuro gobierno.
Es curioso que algunos de los preocupados por las “influencias maléficas” que acosan al presidente electo sean los mismos que en el pasado hicieron pactos con quienes ahora rechazan vehementemente.
Es posible que la gran mayoría de los que votaron por Lugo en las elecciones no quiera saber nada con colorados y oviedistas, pero la realidad política indica que estos, junto al PLRA, son los sectores con mayor cantidad de representantes en el Parlamento.
Los colorados también necesitaron pactar con sus adversarios en el pasado para llevar adelante sus planes de gobierno. Un discurso y una actitud de diferenciación y confrontación puede ser útil en campaña electoral. Pero al mando de un gobierno se debe negociar con todos. Llegarán seguramente momentos en que se deberán marcar diferencias claras, en temas que tengan un real interés nacional o colectivo. Ahí se verá más claramente hacia dónde apunta Lugo.
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