Aquí soy un cero a la izquierda
Por Oscar J. Franco O.
El Nuevo Herald
”¡Tenemos que reunirnos urgentemente!”, me decía angustiada una señora. “Mi marido está en estado depresivo, imagínese que se duerme y no digo se acuesta, porque pasa todo el día en la cama viendo televisión, a las 3 de la mañana y se despierta a las 11. Desayuna-almuerza, hace varias llamadas telefónicas a amigos y a pretendidos socios de negocios que lucían como excelentes oportunidades y que fueron muy determinantes en nuestra decisión de emigrar a este país, pero como siempre las noticias son negativas, mi esposo se desconsuela, prende la TV y el ciclo pernicioso se repite”.
Continuaba la señora: “La situación es apremiante, puesto que los intereses que devenga el capital que tenemos invertido ya prácticamente no cubren los compromisos de pago normales de la casa y las deudas que hemos adquirido desde que llegamos. Lo peor es que nos la pasamos peleando y hasta hemos contemplado que él se regrese a nuestro país y yo me quede aquí en la Florida con los muchachos, quienes además no se quieren regresar”.
Procedí a conversar con el señor en cuestión, quien accedió a que nos reuniéramos para utilizar la mediación como proceso de facilitación del conflicto familiar. En la mediación, la pareja a la cual ficticiamente llamaré Jaime e Irene, mostraron evidencias de un conflicto que había escalado al punto de peligrosamente afectar la relación familiar. Jaime estaba verdaderamente frustrado con su situación profesional.
”Aquí soy un cero a la izquierda”, me dijo molesto. “En mi país tengo una posición ganada con 25 años de ejercicio profesional y títulos académicos de sobra, inclusive fui profesor de la materia durante 20 años, en la más prestigiosa universidad. Cuento con el respeto, consideración, admiración y, por qué no decirlo, la envidia de muchos profesionales del ramo. Basta con levantar un teléfono para resolver cualquier inconveniente. Nuestra vida social, ligada con los compromisos profesionales, me mantenía una agenda rigurosa pero placenteramente copada. Llegamos a este país hace 4 años, con excelentes planes de trabajo y desarrollo personal y profesional. Pero todo era una columna de humo. Nada se ha dado y he perdido un dineral. He pensado en regresarme a mi país, pero hace unos meses estuve allá y los contactos se perdieron, la gente está en otra cosa, ni respondían mis llamadas y si lo hacían era para recordar viejos tiempos”.
Tristemente la situación que acabo de describir es mucho más común de que lo que se piensa y forma parte de lo que los estudiosos del comportamiento humano han denominado el duelo inmigratorio. Josa Atxotegui define al duelo como el proceso de reorganización de la personalidad que tiene lugar cuando se pierde algo que es significativo para el sujeto. Existen muchos tipos de duelo de los inmigrantes, como por ejemplo: el duelo por la familia y los amigos, por la cultura, por el idioma, por la tierra, y por el estatus. Obviamente, este último es el que afecta terriblemente a Jaime, profesional otrora exitoso, influyente y reconocido en su campo, quien súbitamente se enfrenta a la realidad de un anonimato en este país, el cual nunca contempló como posibilidad.
Cuando emigramos dejamos atrás una serie de factores que constituían nuestro entorno y obviamente abandonamos para integrarnos a una sociedad completamente separada de la que vivíamos. Aunque encontramos lo que buscábamos, ”una nueva vida”, generalmente queremos que se asemeje a la que teníamos en nuestro país, pero únicamente en todo lo que era positivo. Nos planteamos con gran optimismo la perspectiva de mejorar o mantener el estatus que disfrutábamos. Lamentablemente, en la gran mayoría de los casos eso es sumamente difícil, mas no imposible.
Como emigrantes dejamos atrás, además de lazos sentimentales profundos, bienes materiales que nos eran muy preciados y que eran producto de grandes esfuerzos. Sumémosles las relaciones comerciales, profesionales, familiares, de trabajo, amistades y circulo de influencias.
Aclaro que me refiero al flujo de un grupo inmigratorio que está recibiendo esté país actualmente, integrado por personas que disfrutaban de un nivel social, cultural y económico que les permitió emigrar en condiciones inmensamente diferentes a otras sociedades que se vieron forzadas a emigrar de su país en tiempos pasados, sin ningún bien ni capitales que les apoyaran económicamente. Muy diferente también es la dura experiencia de otros grupos que se encuentran en condición inmigratoria irregular.
El problema es que las personas a las cuales me refiero, al tomar la decisión de emigrar no analizan y sopesan profundamente las consecuencias. Erróneamente se toma la actitud de que en el país de uno todo es negativo, nada sirve, no aguanto más, estoy harto y me voy. Olvidándose que se deja atrás mucho más que lo que queremos dejar. Abandonamos lo que nos es propio como integrantes de la sociedad del país del cual emigramos.
Como resultado de la mediación Jaime e Irene concluyeron que la situación que vivían era producto del manejo poco apropiado del conflicto personal y familiar. Jaime internalizó su duelo y comprendió la necesidad de sobreponerlo. Amplió sus horizontes, realizó cursos de especialización que ofrecen excelentes universidades, dirigidos especialmente a profesionales de otros países que se han radicado en la Florida. Se relacionó con otras personas establecidas en su campo y actualmente desarrolla interesantes proyectos. En otras palabras, comprendió que lo que quedó atrás, atrás quedó. Por supuesto utilizó su excelente y amplia experiencia profesional y vivencias anteriores para labrarse el presente, que en unión con su familia será la base del futuro que todos soñaron cuando tomaron la dura decisión de emigrar. ¡Ahora es un cero a la derecha!
- 28 de septiembre, 2026
- 28 de septiembre, 2026
- 1 de octubre, 2012
- 24 de septiembre, 2026
Artículo de blog relacionados
- 5 de diciembre, 2007
Por Mario Vargas Llosa El Heraldo, Tegucigalpa Mi amiga Kathrin Holzach, alemana de...
28 de diciembre, 2009- 28 de marzo, 2017
El Universal "Chavidad, chavidad… llegó la chavidad". No, no es "Jingle bells, jingle...
7 de noviembre, 2011












