Chávez va como una veleta
Por Guillermo I. Martínez
Diario Las Americas
Algunos analistas le dan crédito al Presidente de Venezuela Hugo Chávez por saber cuándo y cómo sus pronunciamientos y proyectos de leyes van demasiado lejos. Dicen que Chávez es políticamente astuto y que sabe dar marcha atrás cuando tiene que hacerlo.
Otros, sin embargo dicen que el presidente es como una veleta que cambia de dirección de acuerdo a como vengan los vientos.
Lo cierto es que cualquiera que trate de seguir de cerca las cosas que Chávez dice sólo para después contradecirse a los pocos días, semanas, o meses, va a salir con tremendo dolor de cuello.
Y es que no hay que ir muy lejos para ver los cambios súbitos de Chávez.
Hace menos de tres meses hablaba que los países del mundo debían reconocer como fuerza beligerante y no como organización terrorista a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Hablaba de su jefe Manuel Marulanda, alias Tiro Fijo, como un héroe y al confirmarse su muerte pidió un minuto de silencio en Venezuela en memoria al narcoterrorista colombiano.
Chávez no tardó en darse cuenta de su error. Sus palabras cayeron en oídos sordos. Nadie le hizo caso. Ni siquiera los más acercados aliados de Chávez en América Latina lo apoyaron. De Europa, de Estados Unidos, y de la oposición venezolana llovieron protestas por su propuesta.
Además documentos encontrados en una computadora de uno de los siete comandantes de la FARC muerto en la frontera colombo-ecuatoriana, contenía pruebas que indicaban que el gobierno de Chávez ayudaba a los narcoterroristas con armas y dinero. El golpe final vino hace poco más de una semana cuando un militar venezolano fue capturado en Colombia y acusado de proveerle armas a la FARC.
Chávez entendió que sus vínculos con la FARC lo perjudicaban internacionalmente y dañaban las posibilidades electorales de sus seguidores en las elecciones parciales a celebrarse en Venezuela en noviembre.
El presidente venezolano no vaciló en cambiar de opinión. De repente esta semana dijo que la FARC era un movimiento “anacrónico”. Agregó que en este mundo moderno no había lugar para movimientos guerrilleros, que la FARC debía integrarse pacíficamente a la sociedad colombiana y debía entregar a los rehenes aún en su poder sin condición alguna.
A Chávez no le gusta apostarles a caballos perdedores y prefiere retirarse de la carrera cuando sabe que ya todo está perdido.
Algo parecido hizo el presidente venezolano cuando se dio cuenta que un decreto presidencial redactado en secreto había provocado la ira en la oposición interna en el país y criticas a diestra y siniestra de todos los rincones del mundo.
La propuesta de Chávez en efecto exigía que todo ciudadano venezolano cooperara con las nuevas agencias de inteligencia del gobierno bajo pena del que no lo hiciera sería condenado a seis años de cárcel. Henry Rangel Silva, el jefe de la policía secreta de Chávez le echó leña al fuego cuando dijo por televisión que ya tenía espías en las campañas de los candidatos de la oposición en las elecciones en noviembre.
De nuevo Chávez tuvo que dar marcha atrás. No le quedaba otro remedio. Admitió que la medida era demasiado fuerte y que él asumía la responsabilidad de haberse equivocado.
Por frágil que sea la democracia en Venezuela y a pesar de los desmanes y las medidas de fuerza impuestas por el gobierno chavista, el presidente venezolano sabe que todavía tiene enemigos fuertes en el país. Su intento de revolución socialista no se ha solidarizado en el poder. Hay descontento en el país. Hay una inflación cada día más alta y escasez de productos básicos.
Chávez todavía recuerda que a pesar de todos sus controles perdió las últimas elecciones el año pasado. Y teme que aunque trate de amedrentar a sus oponentes e invalidar las candidaturas de los más conocidos entre ellos, hay una muy buena probabilidad que vuelva a perder las elecciones a fines de este año.
Eso quiere decir que peligran las ambiciones de Chávez de ser presidente por vida, como Fidel Castro. Eso quiere decir que Chávez ve que pierde fuerzas en el país; que las nacionalizaciones han detenido las inversiones extranjeras en Venezuela; y que el fin de su mandato se acerca, cada día un poco más.
Por eso cambia de opinión como una veleta, a ver si uno de estos días llegan vientos más favorables.
Guillermo I. Martínez reside en el sur de la Florida.
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