Chile: Codelco, enclave de la dictadura
Por Álvaro Bardón
El Mercurio, Santiago
Los concertacionistas decimos que hemos liquidado todos los enclaves de la dictadura. La militar, se entiende, ya que los provenientes de las expropiaciones “democráticas” no califican.
Codelco, por ejemplo, sería un enclave de la dictadura porque la hizo Pinochet por allá por el año 75, pero se blanqueó, y todos creen hoy que ella es un invento de Allende, los DC y los socialistas. La ruina del cobre la hicieron ellos, pero después los militares -contra la opinión de los economistas- hicieron un monopolio político estatal. En efecto, la Codelco actual resultó de fusionar lo que quedaba de las cuatro empresas extranjeras de los imperialismos norteamericano y japonés. Antes operaban separadamente, aunque venían “coordinándose” en una suerte de “holding” que llamaban corporación del cobre, departamento del cobre, etcétera.
Este enclave no se va a liquidar nunca, por la simple razón de que representa mucha plata y poder político que los gobernantes de turno aprovechan para sí, para los partidos oficialistas, las elecciones, pegas, coimas y todo ese poder de dineros manejables fuera del mercado y de la competencia cruel, que obliga a trabajar, ahorrar y otras molestias semejantes.
Ahora hasta los dirigentes concertacionistas más inteligentes y honestos dicen con soltura que lo importante no es ganar plata para los ciudadanos contribuyentes, ni tampoco ser productivamente eficientes: las empresas estatales tienen una función social -en otras palabras, política-, que se debe llevar a cabo al costo que sea.
Todo eso, además, sin causar conflictos con los sindicatos y trabajadores estatales. Esto es lo más importante, y no la eficiencia productiva. Y así hemos llegado a costos altos y crecientes, excesos de personal, sueldos astronómicos, cero creatividad, ocio generalizado.
Claro que, de repente, cuando se normalice el precio del cobre y cada empresa del Estado tenga 100 mil trabajadores, en su mayoría innecesarios, aparecerán cifras rojas en los balances confidenciales o secretos y, con ellas, también el déficit fiscal.
Quizás entonces habrá más acuerdo para incorporar gestión y capitales privados o, simplemente, vender lo que quede de esas empresas en lo que den. En el futuro, más adelante, los extranjeros volverán a traer tecnologías y capitales para que, con posterioridad, en unos 20 años, podamos robarles nuevamente su inversión. Ése es el ciclo.
¿Usted no sabía que nosotros les robamos las inversiones a norteamericanos y japoneses? ¿No sabía que los chilenos hacemos las mismas tropelías clásicas de bolivianos, venezolanos y otros maestros del despojo político? Y eso lo hacemos también con los compatriotas, como en la reforma agraria, muy “técnica” al principio y luego, como siempre, un robo latinoamericano puro y simple. ¿Qué cree usted que ocurriría hoy con la inversión extranjera si la suma del poder estuviera en el Ministerio del Trabajo y el Segundo Piso?
¿Por qué, si respetamos y comprendemos tanto la propiedad privada y su importancia para la libertad, la democracia y el desarrollo, no la extendemos en bosques, ríos, lagos, islas, playas, yacimientos petrolíferos, minerales, uranio o las enormes extensiones de tierras estatales y variadas riquezas marítimas? ¿Por qué no les regalamos a los pobres y les vendemos a los ricos empresas como el Banco del Estado, EFE, correos, puertos, las casas de empeño, Enap, hospitales, escuelas y demás?
Entiende, estúpido Bardón: es que son enclaves estratégicos.
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