Uruguay: Fracasar en plena prosperidad
Por Julio María Sanguinetti
El País, Montevideo
No hay duda de que nuestra América Latina está viviendo el mejor momento de su comercio internacional, desde que Colón llegó a las islas caribeñas. Todos los gobiernos, más a la izquierda o a la derecha, mejores o peores administradores, exhiben sólidos crecimientos en los últimos 5 años. Lo mismo ocurre, naturalmente, en nuestro país, que navega con viento a favor y las velas desplegadas.
La pregunta es si con estas condiciones, el gobierno ha logrado administrar con éxito la bonanza y ponernos en la ruta de un crecimiento sostenido. Veamos:
1) LA POBREZA. Objetivo principal de toda política, la reducción de la pobreza ni de cerca ha acompañado el crecimiento. Cuando en 1985 recomenzó la democracia, la pobreza superaba el 46% de la población, con un 10% de indigentes. En el 2000, previamente a la crisis, estaba en el 15%, con menos de un 1% de indigentes. Ahora resulta que este gobierno progresista inició su gestión con el triste 29,23% que nos dejó la crisis y apenas ha bajado a un 26%, con un 2 % de indigencia. O sea que el fracaso es doble, por el resultado en sí y por la expectativa generada.
2) INFLACIÓN. No hay duda de que se están superando las previsiones del gobierno y no hay duda, también, de que donde más ha golpeado es en los alimentos. Se dice que en toda la región ha subido la inflación y que la crisis alimentaria es mundial. Es verdad, pero también lo es que mientras los alimentos en Europa subieron 5.8% en el año, en Uruguay superan el 32% en dólares. Mientras tanto, el gobierno hasta ahora se ha negado a tomar medidas elementales, como por ejemplo bajar el 10% de tasa mínima de IVA al aceite, la carne, las aves, el pescado, las pastas, entre otros bienes.
3) ATRASO CAMBIARIO. Todos sabemos que el dólar ha caído en el mundo. Pero nuestro país ha generado un real atraso, con el tipo de cambio sustancialmente por debajo de su paridad histórica. Se golpea así la competitividad de nuestras actividades exportadoras, diluyendo la mayoría de los ahorros de la clase media uruguaya, todavía nominados en dólares. Esa pérdida de competitividad de los sectores productivos se agrava por la pérdida de exoneración del aporte patronal al BPS y la rebaja de reintegros, así cómo de otros cambios en las reglas de juego.
4) EL MAZAZO IMPOSITIVO. No hace falta agregar más a todo lo que se ha dicho sobre el IRPF y el impuesto para la salud, que han golpeado severamente a la clase media. Lo grave es que el nuevo impuesto sigue conviviendo con un IVA del 22%, mayor al de cualquier país comparable.
5) MORTALIDAD INFANTIL. Este guarismo, tan expresivo del nivel de vida de los más pobres, en 1985 estaba en casi 30 por mil. Desde entonces sólo fue bajando hasta llegar a un 10.6 por mil en 2006 y, por vez primera en todo el período, subir a un 12 por mil el año pasado.
6) LA RAPIÑA. Otro factor fundamental de bienestar es la seguridad ciudadana. No hace falta decir que el país retrocedió desde que este gobierno arrancó con el Ministro Díaz, que imaginaba recuperar la delincuencia a base de amor y tolerancia. Produjo así un agravamiento crítico de la situación. La actual Ministra, más hábil en materia de declaraciones, no repite sus ingenuidades, pero los resultados siguen siendo un desastre. A tal punto que acaba de reconocer, que la rapiña, el delito que más temor genera, subió un 3,5% en 2007 con relación a 2006.
7) VIVIENDA. El gobierno “progresista” no ha entregado una vivienda. Los cuatro gobiernos anteriores desarrollaron importantes planes de vivienda. Este gobierno ha desmantelado al BHU, creó una Agencia que no registra un solo acto serio y su Ministerio de Vivienda ha estado ausente de la vida terrenal.
8) PROMESAS INCUMPLIDAS. Todos sabíamos, durante la última elección, que el petróleo estaba subiendo. Y nadie, salvo el Presidente Vázquez y su “fuerza política”, prometieron un “gas oil productivo”, más barato que cualquier combustible. Ahora resulta que la semana pasada, por vez primera en la historia, el gas oil resultó más caro que una de las naftas. Amén de que no se le bajó ningún impuesto cuando arreció la suba del crudo, que es lo que con honestidad debieron hacer para, por lo menos, intentar cumplir su promesa.
9) CRISIS ENERGÉTICA. Nadie ignoraba la situación energética. Y es notorio que quedó pronta, desde el gobierno anterior, una licitación para una gran unidad térmica de ciclo combinado. Bastaba hacer el llamado y resolver. Se dejó sin efecto, se compró una central de menor porte, de ciclo común, y en tres años no sabemos si marchamos hacia la energía nuclear, la térmica o la implantación de una planta de regasificación de gas natural licuado. El hecho es que ahora estamos de frente a una crisis y con restricciones. ¿Qué le diremos a esos inversores a los que llamamos para venir a un país que no les puede asegurar ni la energía?
10) INCOHERENCIA CON LA POLÍTICA LABORAL. Entre la legalización de las ocupaciones y la inamovilidad de miles de dirigentes, establecida por la Ley de Fuero Sindical, el Estado ha desnivelado la relación capital y trabajo, obreros y patrones. De su clásico rol de árbitro, el Ministerio de Trabajo ha pasado a ser un brazo ejecutor de la política clasista del Pit-Cnt. Por esa razón, fuera de la gran inversión internacional, que negocia condiciones de seguridad al instalarse, no hay empresario uruguayo que invierta. A la inversa, más bien venden, como bien se sabe.
Podríamos seguir haciendo consideraciones sobre el modo en que la actual política económica ha conducido a la concentración del ingreso, pero ello nos llevaría a análisis más técnicos que no son del caso. Lo incuestionable es que en el mejor momento de nuestra historia, no hemos invertido la bonanza para asegurar el futuro. No se han construido liceos ni escuelas y ello está haciendo crisis. No se ha invertido en telecomunicaciones de un modo inteligente y sostenido. Hemos gastado alegremente y nos preparamos ahora para aumentar ese gasto en 600 millones de dólares más en el año venidero. Sin extremar los calificativos, podemos afirmar que asistimos a un caso insólito: fracasar en plena prosperidad.
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