Hillary la empecinada
Por Alfonso Rojo
ABC
Cuando preguntas a la gente qué considera más relevante en un periódico, los hay que citan el editorial y las columnas de opinión. Alguno que habla de economía, bastantes que señalan la sección de nacional e incluso quien alude a internacional.
Mienten. No hay nada más importante que tu nombre. Que te citen, aunque sea de refilón.
Algo similar ocurre en política. Todos se llenan la boca con términos grandilocuentes, pero raro es quien antepone el interés general al suyo particular.
Todavía recuerdo la vehemencia con la que un diputado español me confesó, meses antes de los comicios, que si no lo metían destacado en la lista, en su casa no votaría a su partido ni el perro.
Lo que nos lleva a la deprimente conclusión de que el objetivo no es ganar, para aplicar un programa ilusionante y mejorar las cosas, sino ganar, porque el paquete incluye moqueta, coche oficial y los placeres del poder.
Pasa incluso en EE.UU., como demuestra Hillary Clinton. A la senadora parece importarle un comino el clamor de quienes le instan a retirarse de la carrera hacia la Casa Blanca, para no debilitar al Partido Demócrata de cara a la batalla de noviembre.
La ventaja de Obama es irremontable, pero la ex primera dama quiere ser presidenta y se aferra, como a un clavo ardiente, al sueño de que los superdelegados decidirán, a finales de agosto y en el Pepsi Center de Denver, que ella tiene más posibilidades frente al republicano McCain.
Hace dos meses, daba la impresión de que Obama había conseguido trascender el factor raza y que su figura atraía el voto del cambio de todos los colores, sobre todo joven.
En Virginia, donde se celebraron las últimas primarias y arrolló Hillary, más de la mitad de los encuestados a pie de urna afirmaron que les disgustaría que Obama sea el nominado, la mitad dijo no creer que el aspirante afroamericano comparta sus valores y otros tantos que no le consideran honesto.
Lo peor para los demócratas y lo mejor para McCain, es que más del 40% anunció que no le respaldará en otoño.
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