Vea esta noche la entrevista a Álvaro Vargas Llosa en C5N de Buenos Aires
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A continuación reproducimos un fragmento de la nota realizada por Muriel Balbi a Alvaro Vargas Llosa, Director del Centro Para la Prosperidad Global del Independent Institute para DEF TV, en la que habló de los Kirchner, de Cuba, Fidel Castro, Alvaro Uribe, George Bush y el Che Guevara, entre otros.
Entrevista a un intelectual liberal, en tiempos en que las discusiones políticas volvieron a encenderse en nuestro país. ¿Sensación personal? Más allá de compartir o no sus ideas, me enriqueció mucho la discusión.
Al igual que su padre, el célebre escritor, Vargas Llosa (hijo) es un hombre inteligente, sólido, culto y muy tolerante con aquellos que no piensan como él.
¿Cuál es el modelo exitoso para los países latinoamericanos?
Creo que, para responder a esta pregunta, hay que mirar los veinte ejemplos contemporáneos de éxito en sociedades que no eran prósperas hace una generación o dos. Tras la caída del Imperio Soviético, había ahí países que partían de una situación infinitamente peor que la de América Latina, que empezaron de cero y que, sin embargo, hoy están galopando hacia la modernidad. América Latina, con todos sus errores y su atraso, tenía una ventaja comparativa enorme desde el punto de vista de sus instituciones.
Pero, ¿que pasó que hoy esos países tiene mayor nivel de prosperidad que los nuestros? Pasó que asumieron la modernidad en casi todas sus dimensiones, abrieron sus economías, institucionalizaron sus democracias y dejaron atrás ese infantilismo político que tenemos en América Latina que no nos permite tener una relación madura con el mundo porque tememos perder nuestra identidad, nuestra soberanía, tememos dejar de ser latinoamericanos. Mientras tanto, los otros países demostraron que la mejor forma de ser auténticos y soberanos es precisamente jugar el juego de la modernidad con más éxito que los demás.
¿A qué le llama “infantilismo político”?
A la idea de creer que la riqueza ya existe. Que la riqueza es un bien dado, algo que preexiste al esfuerzo por crearla. Eso es una idea infantil.
Muchos latinoamericanos creemos que el gran desafío es redistribuir una riqueza que ya existe y eso no es cierto. Nosotros tenemos que crear mucha más riqueza.
Una idea infantil es creer que el responsable principal de nuestro atraso son las grandes potencias y que somos víctimas de un gran despojo histórico que nos impide prosperar.
Otra idea profundamente infantil es pensar que la globalización supone una pérdida de la identidad, es decir, que dejamos de nosotros si nos "vendemos" a fuerzas económicas externas.
Esas son tres ideas infantiles que están en nuestra cultura, no sólo en nuestro discurso político.
Miremos a las telenovelas, que son un fenómeno latinoamericano de exportación importantísimo. Es muy interesante analizar lo que le dicen al público. En las telenovelas normalmente hay una protagonista que está en una situación de pobreza y que marcha hacia la prosperidad, pero no a través de la creación de la riqueza, sino de la corrección de un gran despojo.
Por eso la gran pregunta, a diferencia de la teleserie norteamericana, no es a quién mató fulano. En la telenovela Latinoamérica es de quién es hija fulana. Cuando esa filiación queda comprobada, ella pasa a ser heredera de una fortuna que le despojaron porque le negaron esa filiación.
Entonces en América Latina estamos buscando la riqueza que alguien nos robo, mientras que en otros países están creando la riqueza que todavía no existe.
Pienso que lo que existe es la visión de que es difícil insertarse en el mundo sin ser fagocitados por las grandes potencias, los grandes capitales. ¿Se puede lograr “negociar” teniendo en frente a un gigante?
Es interesante que se produzca este debate en América Latina, cuando en los países desarrollados se instaló el debate contrario. Yo vivo en EEUU y la gran psicosis es cómo esos países pobres, o que lo eran, "nos están robando a nuestros mercados, nos están fagocitando ellos a nosotros". Por eso existe esa fobia contra China hoy, que también la sienten, en menor medida, con otros países en desarrollo porque piensan que les están robando lo suyo a los norteamericanos.
Lo que hay que hacer es abrir los ojos. Ver a países como Chile, Estonia o Nueva Zelanda que, en una generación, han tenido una gran prosperidad porque partieron de una mentalidad no acomplejada. La libertad economía y la política no son patrimonio de los países ricos y si nosotros las adoptamos no dejamos de ser auténticos. Ellos partieron del pensamiento de que esas ideas no son de nadie y han mostrado ser una receta exitosa. Lo que tiene que hacer América Latina es asumirlas a fondo. Ser capaz de producir cosas que otros quieran comprar, de tener ciudadanos que tienen cosas que ofrecer a otros ciudadanos, a otros mercados, a otras sociedades y pasar a jugar el rol que han jugado otros países exitosos. El precio de no hacer eso es quedarse rezagado por muchísimo tiempo.
Pero estos "países exitosos" enfrentan otros desafíos. Lo vimos acá en los noventa, muchas veces el crecimiento económico no ha ido acompañado de desarrollo. Volviendo al caso de Chile, por ejemplo, es uno de los países con mayor desigualdad de América Latina.
Bueno, esto siempre depende de la perspectiva. Si la perspectiva es la comparación de unos con otros, uno termina concluyendo que el tema de la desigualdad es el tema preponderante. Si lo que importa es si todos, o casi todos los ciudadanos, están mejor de lo que estaban hace una generación, entonces deja de ser importante la riqueza relativa y pasa a ser importante la riqueza de todos.
Un país como Chile, efectivamente, tiene disparidades importantes entre sus ciudadanos, pero ha reducido la pobreza al 13%. Cuando cayó la dictadura de Pinochet y asumió la Concertación, la pobreza en Chile era enorme, se acercaba al 40% y en una generación y media la Concertación ha logrado reducir la pobreza a un 13% gracias a un modelo muy exitoso que no supuso la desaparición del Estado ni de ciertos programas sociales. Pero que sí tenía clara cuál era la prioridad. La prioridad no era redistribuir lo poco que había, sino generar un ambiente en el que se produjera una riqueza que todavía no existía y en la medida en que eso se producía es que había movilidad social.
La acumulación de capital hacía que los ciudadanos tuvieran mayores ofertas de empleo. Esto no significa que la sociedad no se ocupó de los ciudadanos en una situación de indigencia, pero se ocupó de ellos porque podía darse el lujo de hacerlo en la medida en que tenía en sus manos una riqueza real, una riqueza que no era inventada.
De modo que exhorto a que vean el tema de la riqueza mucho más en términos inviduales que en términos colectivos, en el sentido comparativo entre unos y otros porque finalmente si un ciudadano pasa de ser una persona indigente a ser un pequeño empresario con un relativo nivel de éxito es muy poco importante que haya otros ciudadanos que tengan más riquezas que él. Lo importante es que esa persona haya pasado de ser alguien sin oportunidades en la vida, a ser alguien a quien se le abre un camino. (…)
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