Rafael Correa, fiel a su mirada
Editorial –
El Colombiano
Desde la Cumbre de Río se vio al presidente de Ecuador, Rafael Correa, en una actitud agresiva y desafiante frente a Colombia, reacción que ahora acentúa con el anuncio de que reclamará ante la OEA por la muerte de uno de sus coterráneos, Franklin Aisalla Molina, alias Lucho, ocurrida en el ataque al campamento de las Farc, el pasado 1 de marzo.
Todo indica que el presidente Correa se prepara para una nueva tensión diplomática con Colombia, olvidando lo acordado tanto en Santo Domingo como en Washington: el pacto de restablecer las relaciones entre ambos países; y el firme compromiso de todos los Estados miembros para combatir las amenazas a la seguridad, provenientes de la acción de grupos irregulares o de organizaciones criminales, en particular de aquellos vinculados a actividades de narcotráfico.
En aras de esa corresponsabilidad para asegurar la paz de la región, el Primer Mandatario del vecino país es quien debería estar preocupado por la presencia de sus ciudadanos, o de extranjeros, en campamentos de las Farc ubicados en suelo ecuatoriano. No es propiamente al Gobierno colombiano ni a su Fuerza Pública a quienes les corresponde, en principio, esa obligación.
El presidente Correa pretende desviar la atención y ubicar la controversia en la nacionalidad del fallecido, y no en explicar las razones por las cuales uno de sus nacionales, alias Lucho, se encontraba la noche del 1 de marzo en compañía de Raúl Reyes. ¿Será acaso una columna de humo para tratar de acallar las críticas internas por la presencia de las Farc en territorio ecuatoriano?
Desde el año 2003, cuando el Gobierno colombiano inició las investigaciones que permitieron capturar a Simón Trinidad, se investigó a alias Lucho como la persona encargada de facilitar el desplazamiento de los miembros de las Farc en el territorio ecuatoriano y de crearles identificación falsa.
En esa época sí se contó con la colaboración plena de Ecuador. Por eso nos sorprende el hecho de que los guerrilleros puedan moverse con tal libertad en el vecino país. ¿Qué pasó entonces con la inteligencia ecuatoriana? ¿Por qué no continuó el trabajo conjunto con el Gobierno colombiano?
Lamentamos la muerte del señor Franklin Aisalla, al igual que la de todo ser humano, pero entendemos que ella se produjo en un operativo militar contra un grupo insurgente que ha pretendido desestabilizar la democracia regional. Entonces, ¿por qué Ecuador considera la muerte de Aisalla como una acción militar al margen del derecho internacional y violatoria de los derechos humanos?
En los hechos del 1 de marzo no se tuvo la intención de asesinar a ningún civil indefenso en medio de la selva. La única motivación de Colombia fue perseguir a Raúl Reyes. Pero alias Lucho estaba en el campamento subversivo, con Reyes y con los demás guerrilleros, en esa circunstancia y en la mitad de la noche, lo sorprendió el operativo.
Nos parece inconveniente e inoportuna la iniciativa del Ecuador de llevar de nuevo el hecho ante la OEA, ahora por la muerte de alias Lucho. Hacerlo, sería desconocer de manera irrespetuosa lo ya definido, en forma unánime, por las 34 naciones del hemisferio. Es un “caso juzgado”, y por tanto hay que atenerse a lo acordado.
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