Guatemala: Manteniendo la pobreza
Por Manuel F. Ayau Cordón
Prensa Libre
Nuevamente surge el tema de impuestos. Se supone que el Impuesto al Rendimiento de las Inversiones, llamado “sobre la renta” (IRS), es un impuesto justo y conveniente porque redistribuye riqueza: lo pagan “los que pueden”, y los pobres que no están afectos se benefician del gasto público. Pero un análisis más a fondo sugiere que “los que pueden” pagan a sacrificio de sus inversiones y no de su consumo, y los que “no están afectos” consumen menos porque ganan menores sueldos.
¿Acaso hay otra manera de subir salarios distinto al causado por inversiones de capital? Quien invierte, necesariamente tiene que atraer trabajadores para hacer rendir su capital. Para atraerlos tiene que ofrecer salarios o condiciones mejores que las que ya tienen. Algunos patrones perderán a los trabajadores que se van, y otros tendrán que mejorar o equiparar sus condiciones para no perder trabajadores. Es así como cada inversión de capital puja los salarios del país para arriba.
Por ejemplo, cuando proliferó la industria tuvo que atraer trabajadores que en esa época trabajaban en la agricultura en condiciones de mucha pobreza. Es obvio que los trabajadores que acudían a la industria era porque preferían esas condiciones; es decir, porque experimentaban una mejora a las condiciones de pobreza típica en la agricultura: de subsistencia. Si no iban a mejorar, simplemente no hubiesen cambiado. Esa migración del campo a la industria obligó a los agricultores a invertir capital en tractores con implementos que elevarían la productividad de los trabajadores, lo cual les permitió aumentar salarios para conservar trabajadores sin que aumentara, o inclusive que disminuyera, el costo laboral por unidad de producción (i.e. productividad).
Cuando los aumentos de salarios aumentan costos, los precios tienen que subir, ya que los clientes tienen necesariamente que restituir a los patronos todos los costos incurridos (inclusive los impuestos), ya que de no ser así experimentarían una continua descapitalización hasta consumir su patrimonio. Cuando los aumentos de salarios se reflejan en los precios, los aumentos resultan nominales y no reales, porque los aumentos de precios anulan sus aumentos dinerarios.
Es ingenuo pensar que los aumentos salariales pueden salir de las utilidades, porque, primero, no alcanzan; segundo, si las ganancias están arriba de lo “normal”, atraerán competidores y causarán que bajen al “nivel normal”. (“Normal” es lo suficiente para atraer capital de otras actividades, pero no tan bajo que causen fuga de capital a mejores horizontes). Por eso las ganancias arriba de lo “normal” siempre son temporales (con excepción de las que gozan de algún privilegio legal). Por ello es que los salarios no pueden salir de las utilidades.
Paradójicamente, los salarios sólo pueden subir a medida que bajan los costos de mano de obra, como consecuencia de inversiones de capital. Lo demuestra la correlación entre inversión de capital entre países y el nivel de salarios, según el monto de capital invertido por cada plaza. El factor educación es importante, pero es como tener un Ferrari donde no hay carreteras, pues la oportunidad para usar educación la crean las inversiones. La educación misma no produce empleos; aparte de lenguaje y matemáticas, la educación vocacional pertinente se aprende mejor con la experiencia en el trabajo que en el aula, pues las tareas industriales del proceso se diseñan para que sea expedito aprenderlas.
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