Una vía para ser empresario
Por Yolanda Arenales
La Opinion
Los hispanos baten récords creando negocios pequeños, pero siguen estando a la cola en cuanto a dirigir los grandes y participar en la industria financiera.
Aunque es difícil contar con datos fiables, debido a que no todas las escuelas del país los aportan de manera uniforme, un estudio de 2003 del Consejo de Admisiones de Graduados de Administración (GMAC), una asociación de las principales escuelas de negocios, situaba en un 4.5% el porcentaje de estudiantes hispanos que se gradúan en Maestrías de Administración de Empresas (MBA).
Entre las noticias positivas está el compromiso de muchas escuelas y organizaciones que ofrecen becas y programas de ayuda a minorías para incrementar su participación en maestrías de finanzas, incluso entre quienes no consideraron inicialmente esta opción.
“Cuando me gradué en la universidad me puse a trabajar y pasaron años hasta que me planteé cursar una MBA”, dice Adrienne Martínez, quien inicialmente se graduó en Relaciones Laborales e Industriales en la escuela de gestión Cornell Johnson.
Como muchas jóvenes hispanas, ella representa la primera generación de su familia en completar estudios universitarios. Pero precisamente marcar ese hito puede interpretarse como que se ha llegado al nivel más alto posible y actuar como un freno para continuar estudios de posgrado.
“A mis padres, que consiguiera cursar estudios en un colegio comunitario les parecía ya un éxito tremendo, y se darían por contentos si al final de mis estudios trabajo en un puesto intermedio”, dice Raúl Gutiérrez, estudiante del Colegio de Santa Mónica, quien sin embargo aspira a hacer una maestría cuando termine la universidad.
Nancy Sims, presidenta de Robert Toigo Foundation, en Oakland —cuyo programa de becas de MBA para minorías está abierto hasta el 10 de este mes—, señala que un gran porcentaje de los casi 60 participantes que consiguen las becas Toigo cursó estudios no relacionados con finanzas.
“Típicamente, se trata de personas que llevan tiempo en el mercado laboral y quieren darse una segunda oportunidad de entrar en la industria financiera”, dice Sims.
Sims explica que aunque la beca que su fundación ofrece incluye una prestación monetaria de 10 mil dólares (para los dos años del programa de maestría), la inversión total es de 20 mil dólares por estudiante y año, si se suma la capacitación, los mentores y contactos que ponen al alcance de los estudiantes.
“No pasa ni un solo día sin que alguien nos llame interesado en contratar a un profesional minoritario”, dice Sims, enfatizando que el interés de la América Corporativa por integrar minorías a las áreas de finanzas e inversión continúa creciendo.
La experta aconseja a los estudiantes minoritarios que no se desanimen por el reto económico que puede representar estudiar una maestría.
“No sólo hay muchos tipos de préstamos, sino becas y ayuda por parte de numerosas instituciones del país”, dice Sims.
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