Buenos trabajadores
Por Jaime Francisco Arimany Ruiz
Siglo XXI
Uno de los problemas que tienen las sociedades es la tendencia a menospreciar la capacidad de trabajo de los trabajadores del país. Guatemala no se escapa de ello; varias veces he escuchado que nuestros trabajadores son haraganes, no son competentes, hay que estarlos motivando (vulgarmente, arreando), para que cumplan con sus obligaciones.
Hace una semana, viendo los trabajos que se están haciendo en el proyecto hidroeléctrico donde trabajo, estaba de visita el asesor de las obras, ingeniero Mario Chiovatero, quien vino a Guatemala hace más de 20 años con el Grupo Gela, para hacer los túneles de Xayá Pixcayá.
Conoció a una compatriota y formó una linda familia. Comentaba que, cuando estaba en la construcción de la conducción del agua a la Ciudad de Guatemala, visitaba Italia cada cuatro meses, para rendir informes de avances, pero ellos dudaban de que se pudiera tener ese rendimiento.
Vino una comisión a Guatemala y se sorprendieron tanto que se llevaron a Nueva Zelanda 40 trabajadores. Algunos se quedaron a vivir allá, y muchos otros regresaron, y establecieron pequeñas empresas de mercadeo, talleres de mecánica o de soldadura.
Me siguió contando que, en una visita que hizo años después el ingeniero Doroteo Cohen a Nueva Zelanda, se sintió sumamente orgulloso cuando, al estar visitando una obra importante, un túnel por debajo de un lago, el jefe de los operarios se le acercó y le dijo: “¿Cómo está usted, ingeniero Cohen?”.
Días después, comenté el caso con el ingeniero René Nuyens, y él me respondió que no solo fueron a Nueva Zelanda, sino a muchos países alrededor del mundo, con gran éxito. Estoy enterado, porque yo era el encargado de ese departamento.
Desde el año 1966 al año 1986 trabajé en la fábrica de papel que estaba ubicada en el km 46.5, carretera a Pueblo Nuevo Viñas, Santa Rosa; posteriormente, fui encargado del grupo familiar y, durante dicho período, la organización giraba alrededor de cinco departamentos: Recursos Humanos, Planificación, Producción, Compras y Ventas, y Finanzas.
En esa administración, dimos gran importancia al Departamento de Recursos Humanos, en el cual trabajaban 11 licenciadas graduadas en ese campo, atendiendo a mil 500 trabajadores. Se impartían cursos de capacitación, internos y externos; se estudiaron sistemas de producción, el japonés, justo en tiempo, etcétera.
Sin embargo, no se lograba el éxito esperado, la calidad del producto no estaba bien y la producción no se mantenía constante, por lo cual, con mi asesor en esos días, el licenciado Jorge Mario Nufio, decidimos traer personal experto en producción.
Viajamos a Colombia y contratamos a un canadiense y seis papeleros colombianos durante tres años. La empresa tenía pérdidas, como consecuencia de una calidad variable y de inversiones en maquinaria moderna que originaron crecientes deudas bancarias por un interés anual que subió de 13 a 30 por ciento.
A los seis meses de haber venido ese personal, la operación estaba en azul. A los dos años, ya se habían ido; nuestra gente había adquirido rápidamente la cultura del proceso, y fue muy rápido, pues ya tenían la base y la educación, con preparación para captar la capacitación.
La empresa se vendió a Kimberly Clark, quien la operó seis años. Cuando la cerró, a pesar de tener los segundos costos más bajos de Latinoamérica, por haber comprado en el Salvador una máquina que producía 2.5 más que las máquinas instaladas en Guatemala, por ser competentes, se llevaron personal chapín a San Salvador, lo hicieron hasta que se opuso el sindicato, pues irían a huelga si llegaba un guatemalteco más.
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