Muerte al huinca
Por Álvaro Bardón
El Mercurio
Nuestra política socialista con los indígenas, desde Aylwin para acá, es un desastre porque además de no mejorar su condición, los empobrece al fomentar la discriminación, el aislamiento y su no integración con el resto de los chilenos y ciudadanos del mundo, único camino digno y eficiente de progreso, además del trabajo y el ahorro, como se aprecia con la mayoría de nuestros indígenas que viven en las ciudades como Santiago.
A muchos “progres” no les gusta que los originarios, como dicen ahora, se parezcan y mezclen con los huincas. Mejor lejos y solos, hasta con diputados propios.
Los programas especiales para indígenas son un desastre porque parten discriminándolos y los consideran como pájaros distintos, con menos plumas y medio tontos. Pero el tema de fondo es que el Estado socialista fomenta, además del odio, la inactividad, el ocio y el desempleo, persigue al que emprende y entrega una mala educación oficial, quizás sin proponérselo.
¿Por qué darles tierra en propiedad común a los mapuches y no al resto de los chilenos? ¿O quizás todavía circula la idea de volver a los asentamientos de la “exitosa” reforma agraria? El derecho de propiedad, aprendido por evolución de siglos en Occidente, no es parte de la tradición cultural araucana, al revés de la historia que nos cuentan. Y darles tierras de mala calidad sólo sirve para que la depreden, además de ser una estafa, una suerte de condena a la pobreza. Y el colmo de la tontera es entregar propiedad en común, junto a la imposibilidad de vendérsela a los huincas ¿Cómo un araucano con iniciativa puede garantizar un crédito del banco o una compra si la tierra no es suya?
Esta política de la Concertación convierte a los indios en siervos de la gleba medievales. Y para terminar de arruinarlos, les enseñan mapudungun, el idioma que aprendieron de chiquititos en su hogar. ¿No sería más útil enseñarles inglés y computación? Y, en definitiva, ¿no sería preferible un amplio sistema de becas, capacitación y empleo, con la plata que ahora el Gobierno gasta en puras leseras, como comprarles tierras con sobreprecio en beneficio de muchos huincas pudientes?
Nuestros indígenas son pacíficos y trabajadores, y el crimen que está cometiendo la Concertación al convertirlos en guerrilleros, y más encima indigentes, es imperdonable. Más aún cuando este operativo tiene un claro tinte antipatriótico, como es amenazar la unidad nacional.
La “guerrilla” va a terminar con la inversión y el empleo, arruinando a los indígenas. Además creará un gueto que manejarán los activistas de aquí y de allá. Lo más importante, que no se menciona, son los muertos y heridos típicos de las políticas que pasan por robar propiedad ajena.
¿Por qué si yo, que soy un chanta, me doy cuenta de que esto va a terminar con muertos y heridos -como ya lo escribí en alguna lejana columna anterior-, los políticos de la Concertación no lo captan? Bueno, puede que sean más giles. No creo. Demagogos de miedo, seguro. Tipos que no respetan al prójimo, revolucionarios para quienes la vida vale poco. Puede ser. Pero subsiste la interrogante de cómo calificar a los que nos dicen -como en estos días una ministra- que tenemos una deuda histórica con los indios. ¿Habremos firmado un pagaré o algo así?
Los programas especiales para indígenas son un desastre porque parten discriminándolos.
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