Con raseros iguales
Por Jesús Ruiz Nestosa
ABC Digital
SALAMANCA. El mismo día en que el presidente socialista bolivariano Hugo Chávez pidió a la Unión Europea que las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) fueran retirados de la lista de grupos terroristas, los primeros de los mencionados secuestraban a seis personas que mantienen actualmente como rehenes con fines puramente extorsivos. También hizo este mismo pedido a todos los gobiernos latinoamericanos alegando que la existencia de tales listas obedecía nada más que “a la presión de los Estados Unidos de Norteamérica”.
Como si fuera poco buscó justificar sus palabras alegando que estos grupos comparten “su proyecto bolivariano”. Y, más adelante, “No son ningún cuerpo terrorista, son verdaderos ejércitos que ocupan espacio en Colombia, hay que darles reconocimiento. Son fuerzas insurgentes que tienen un proyecto político, un proyecto bolivariano, que aquí es respetado”.
Quizá más tarde el presidente socialista bolivariano recapacitó y dijo que esta sería una forma que las FARC terminen con los secuestros pues las reglas de combate serían diferentes. O quizá la visita de la temperamental modelo Naomi Campbell le haya hecho ver de otra manera. De todas maneras las reglas del juego están claras: Hugo Chávez buscará, si es necesario, el apoyo de las FARC para mantenerse en el poder o bien para solucionar sus problemas de demarcación de límites entre ambos países. Es por esta posibilidad que tiempo atrás consideraba que fue ingenua la decisión de Alvaro Uribe de encargarle a Chávez la misión de entrar en contacto con la guerrilla en el caso de la liberación de sólo tres de los rehenes que mantiene en su poder con fines que en nada se diferencian de los casos de secuestros organizados por la delincuencia común.
Ya que el presidente socialista bolivariano Hugo Chávez se muestra tan imaginativo para crear estos pretextos, habría que preguntarle cuáles son las diferencias que él encuentra entre la cárcel de Guantánamo que habitualmente sataniza en sus interminables discursos y los rehenes que las FARC mantienen en la selva, encadenados a árboles, que duermen encadenados a un poste y que algunos llevan como una maleta al hombro para ir soltando o recogiendo la cadena que les permite alejarse algunos metros del sitio al cual se encuentran amarrados. Y estas no son historias de CNN, ni de la CIA, ni del Departamento de Estado, ni del FBI, ni del New York Times o el Washington Post como le gustaría a Chávez, sino de la propia Clara Rojas que acaba de ser puesta en libertad. Ella misma, secuestrada juntamente con Ingrid Betancourt, narró estas y otras atrocidades a las que son sometidos los rehenes, además de las largas marchas que deben realizar por medio de la selva para evitar ser localizados por el ejército colombiano. ¿Cuál es la razón, podría explicarnos el inventor del “socialismo del siglo XXI“, por qué lo de Guantánamo es la antesala del infierno y lo de las FARC la antesala de “la liberación de los pueblos latinoamericanos?”. Tal vez él lo sepa. Yo, no.
Chávez, al pedir el cambio de denominación de este grupo criminal dijo que espera que ponga en libertad a los otros setecientos rehenes que mantiene en cautiverio. Según otras organizaciones, 23.401 personas fueron secuestradas desde 1996, de las cuales tres mil siguen en cautiverio. Creo que no es lícito ni siquiera insinuar que estos dos grupos que actúan en Colombia y posiblemente en otros países de nuestro continente dejen de ser considerados grupos terroristas. Es escandaloso, en el estricto sentido del término, que un presidente de una nación que se considera libre y democrática, pueda llegar a decir que “Son fuerzas insurgentes que tienen un proyecto político, un proyecto bolivariano, que aquí es respetado”. Mucho más aun atribuirle un cariz “bolivariano” a no ser que consideremos aquí esta maltratada palabra como la etiqueta que se ha decidido poner a un proyecto que más que pertenecer al campo de la utopía –como lo fue cuando lo soñó Bolívar– ahora raya en el más absoluto delirio.
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