Obama, el candidato que no estaba en la agenda K
Aunque no lo digan, en Olivos deben haber estado pendientes de lo que ocurría ayer en la lejana New Hampshire, en las elecciones primarias para las presidenciales de Estados Unidos. No es que haya un candidato K, pero casi.
No es que les resulte a los Kirchner un atractivo político seguir las alternativas de una elección interna de tal envergadura, una especie ya extinguida (¿por ahora?) en la Argentina. Lo que debe estar preocupando ya en el poder vernáculo es que el ascenso de Barack Obama como posible candidato demócrata para la jefatura de la Casa Blanca, peleando palmo a palmo contra las chances de la senadora Hillary Clinton, amenaza con convertirse en un nuevo traspié de la política externa del kirchnerismo.
Las comparaciones son odiosas, dicen. Pero a Cristina Kirchner no les había disgustado tanto cuando en el juego de las imágenes mediáticas se la llegó a considerar como la Hillary argentina. O más bien se encargó de aparecer en el espejo.
En su última visita a EE.UU, todavía en plena campaña argentina, Néstor y Cristina Kirchner se reunieron con Bill Clinton en Nueva York (la aspiración de Cristina era entrevistarse con Hillary pero no pudo concretarse por la agenda electoral de la senadora norteamericana), y no tuvo acercamientos, en cambio, con figuras del Partido Republicano ni con otros candidatos demócratas a la presidencia. A la salida de la reunión con el ex presidente norteamericano, se rió de las comparaciones periodísticas con los Clinton, pero contó que habían hablado sobre la convivencia en un matrimonio ‘presidencial’.
Paradójico: la portación de apellido aparece ahora como el lado flaco de la campaña de Hillary, para aquellos que están buscando un cambio de aires en Washington.
Cristina también buscó mostrar diferencias, cuando aclaró a la cadena CNN que ella no había llegado a la política bajo el ala de su marido, sino que siempre tuvo vuelo propio. Olvidó otra: Hillary pelea su candidatura en elecciones primarias, Cristina fue ungida en la intimidad familiar de Olivos.
Está claro que no hay nada dicho en el proceso electoral de EE.UU. y que las chances de los Clinton pueden reverdecer de un momento a otro (anoche -al cierre de esta edición- todavía no estaba definido el resultado de New Hampshire, con una leve ventaja a favor de Hillary).
Es claro además que cualquiera que resulte ganador no significará un trato o un destrato especial para con la Argentina. Lo que queda visto, más allá de la campaña estadounidense, es el costo de la errática política asumida por los Kirchner con el resto del mundo.
La Casa Rosada no quiere aparecer cerca estos días, tras las novedades judiciales del escándalo de la valija, de nada que huela a Washington. Pero esa política no podrá ser eterna.
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