El dilema de Cristina Kirchner: ¿podrá arreglar la economía argentina sin afectar el legado de su marido?
Por Matt Moffett
The Wall Street Journal
BUENOS AIRES — Cristina Fernández de Kirchner no ha esperado a la inauguración de su presidencia hoy para avanzar las políticas económicas populistas que han definido el mandato de su marido Néstor Kirchner.
Hace 10 días, fue Cristina Kirchner, y no su marido, quien presidió sobre una reunión con ejecutivos de supermercados en el palacio presidencial. Ahí, ella anunció controles de precios para muchos productos durante las fiestas de fin de año. Algunos puristas constitucionales se quejaron de que Cristina Kirchner se estaba adelantado demasiado, pero los partidarios de la pareja presidencial afirman que los Kirchner sólo han tratado de gestionar una transición sin roces entre ellos.
Varios ejecutivos mantenían la esperanza de que Cristina Kirchner, una senadora con su propio peso político, suavizara las políticas económicas intervencionistas de su marido, que incluyen controles de precios, subsidios y restricciones a las exportaciones. Pero su acuerdo para fijar los precios durante la Navidad, sus primeras decisiones de personal y algunos indicadores de políticas públicas sugieren que mantendrá la línea de su marido.
Sólo pocos días después de su victoria electoral el 28 de octubre, el gobierno elevó los impuestos sobre las exportaciones de soya, trigo y maíz, algo muy impopular en el sector agrario argentino. Además, en las últimas semanas, el gobierno de Néstor Kirchner ha continuado con la purga de los tecnócratas experimentados en el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec). Algunos economistas acusan a gente recién llegada al Indec y leal a Kirchner de subestimar las cifras inflacionarias.
Cristina Kirchner anunció hace poco un gabinete compuesto en gran parte por personajes del gobierno de su marido. En una clara señal de continuidad, durante la reunión con los ejecutivos de supermercados, Cristina Kirchner le otorgó un lugar privilegiado a Guillermo Moreno, el secretario de Comercio Interior y una de las figuras más polémicas del gobierno de Néstor Kirchner. La comunidad empresarial argentina le tiene cierta aversión a Moreno por imponer acuerdos de control de precios y por amenazar a las empresas con demandas bajo una antigua y olvidada ley en contra del acaparamiento. Parece que Moreno continuará ejerciendo un papel importante en el gobierno de Cristina Kirchner. Lo que aún es un misterio es cuánto poder tendrá el joven ministro de Economía Martín Lousteau.
Muchos analistas apuestan a que Néstor Kirchner retendrá un importante papel económico desde la sombras. Desde que despidiera al ministro de Economía Roberto Lavagna hace dos años, él ha sido el jefe de facto de las políticas económicas de su gobierno. “Los Kirchner están aprovechando sus ventajas comparativas”, dice Carola Sandy, una economista de Credit Suisse Group en Nueva York. “Ella siempre ha sido la más interesada en una reforma judicial y los programas sociales y eso será su foco. Parece que él está más a cargo del lado pragmático del gobierno, en especial la economía”.
Con el acuerdo político de que Cristina Kirchner se postulara a la presidencia, en vez de que Néstor Kirchner buscara la reelección, se abre la posibilidad de que cualquiera de los dos se vuelva a presentar en 2011. Sus partidarios dicen que, gracias al resurgimiento económico de Argentina, la pareja se merece un largo reinado. Durante los últimos cinco años, la economía ha crecido más de 8% anualmente, el mejor desempeño que el país ha tenido en casi un siglo.
Sin embargo, Argentina también tiene problemas que Néstor Kirchner no ha querido enfrentar. Muchos economistas dicen que la inflación es más del doble del 8% anual que reporta el Indec. El país corre el riesgo sufrir una escasez energética, ya que las tarifas artificialmente bajas que el gobierno ha impuesto a las compañías han impulsado el consumo y desanimado las inversiones en el sector. Además, después de su cesación de pagos sobre su deuda externa en 2001 y de su acercamiento a Hugo Chávez de Venezuela, muchos inversionistas extranjeros y algunos países industrializados todavía ven en Argentina una suerte de paria.
El hecho de que la esposa suceda al marido le dificultará a Cristina Kirchner manejar los problemas heredados. “Ella no podrá echarle la culpa al gobierno anterior y menos aún reconocer que muchas de las cifras económicas y sociales con las cuales Kirchner cierra su mandato, en realidad son consecuencia de la manipulación del Indec y, por ende, no son reales”, escribió hace poco el cientista político argentino Rosendo Fraga.
Los analistas esperan que el ascenso de Cristina Kirchner marque un cambio de estilo, alejándose de la actitud brusca y confrontacional de su marido. Pablo Venturino, director de ABN Amro en Nueva York, dice que confía en la “finura” de Cristina Fernández de Kirchner.
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