Los desafíos de la geopolítica
Por Juan Gabriel Tokatlian
Enfoques – La Nación
El 11 de Septiembre significó, desde la perspectiva de las relaciones internacionales, un cuádruple retorno: el del Estado, el del nacionalismo, el del bilateralismo y el de la competencia global. La revalorización del Estado en los países centrales se manifiesta a través de sus políticas militares; el nacionalismo se expresa en clave energética; la propensión a la bilateralidad demuestra el debilitamiento del multilateralismo y la mayor competición económico-tecnológica se revela en la geopolítica de los recursos estratégicos.
El resurgimiento de la geopolítica, es decir, la intersección y gravitación de los factores materiales y espaciales en el diseño y la práctica de la política exterior, es evidente. En ese sentido, la nota distintiva es que el control y la rivalidad en torno de recursos estratégicos vitales tienden a incrementarse de modo significativo y acelerado: las ecuaciones cooperativas y positivas en este ámbito ceden cada vez más ante proyecciones agresivas, prácticas sórdidas y comportamientos unilaterales. Si desde el punto de vista político ello supone una eventual mayor conflictividad, desde el ángulo ecológico presagia un potencial grave deterioro ambiental. Los avances tecnológicos no garantizan per se un uso racional y equitativo de los recursos estratégicos; la pugna entre actores estatales y no estatales para hacerse de esos bienes vitales prefigura disputas cuyos resultados podrían ser catastróficos.
En este escenario resulta clave que la Argentina comprenda tres puntos: primero, que los cambios posteriores al 11 de Septiembre indican que se está produciendo la profundización de una estructura internacional más jerárquica e inestable; segundo, que las regiones que generen más incertidumbre (desorden político, polarización social, “estados fallidos”) y que, a su vez, posean recursos estratégicos clave serán objeto de crecientes políticas de fuerza de parte de los actores más poderosos; y tercero, que las áreas geográficas que puedan establecer una ecuación energética cooperativa estarán en mejores condiciones de elevar el bienestar regional y aumentar su peso específico en la política mundial.
En esa dirección el gobierno entrante de Cristina Fernández podría abocarse a estimular coaliciones regionales, por ejemplo con Chile, Brasil y Uruguay; hemisféricas, por ejemplo, con Canadá, y extrahemisféricas que fortalezcan la posición del país en relación con la Antártida. La vía individual, “cortarse sólo”, buscar un nuevo “aliado carnal”, es la antesala de un nuevo fracaso internacional. De igual forma podría apalancar el despliegue hacia la zona con más inversión en ciencia y tecnología aplicadas. Nuestro país es el que más bases de investigación tiene en la Antártida, pero uno de los que menos invierten en asuntos científicos en el área. Podría también invertir en una prudente política de defensa. Los principales vecinos de la Argentina están modernizando sus equipamientos militares. Ninguno lo hace pensando en la elusiva “guerra contra el terrorismo”, sino en los requerimientos convencionales derivados de un entorno global y regional muy complejo. El país está perdiendo la capacidad disuasiva mínima: si esto no se revierte, ninguna defensa jurídica de la Antártida tendrá efectos concretos más allá de la retórica. Finalmente, la mirada hacia el Sur podría estar acompañada de una política migratoria interna y externa ecológicamente sustentable de ocupación del territorio.
En breve, la geopolítica de los polos oscila hacia formas de tensión y fricción. Reconocerlo no significa potenciar el conflicto; implica aceptar que la viabilidad de las alternativas cooperativas exige un Estado dotado y una sociedad comprometida. De lo contrario, la quimera de un supuesto mundo ideal y de una Argentina potencia, algo que ya se vivió, puede obnubilarnos e impedirnos comprender que estamos en un período de grandes turbulencias y tenemos escasos recursos de poder.
El autor es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés.
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