Argentina: La política económica durante la transición
Por Juan Carlos de Pablo
Revista Fortuna
Argentina, un país sobre el cual fantaseo que la tasa de suicidio es cero porque nadie se quiere perder los próximos 5 segundos, dado que seguramente algo grandioso habrá de ocurrir, es también un país rico en cuanto a qué le ocurre a la política económica y a los resultados durante los últimos meses de un gobierno, durante el período que transcurre entre la elección y la asunción de las nuevas autoridades, y durante los primeros meses de la nueva gestión.
La cuestión adquirió relevancia porque el domingo pasado, en medio de increíble cantidad de complicaciones operativas, Cristina Fernández de Kirchner resultó electa presidenta de la Nación, para suceder a su marido en el sillón de Rivadavia a partir del próximo 10 de diciembre.
Queda para el análisis político el porcentaje de votos con los cuales llegó al poder, el valiosísimo aporte del electo gobernador de la provincia de Buenos Aires (lo que es la política: el matrimonio Kirchner maltrató a Scioli con particular saña en los 4 últimos años, no obstante lo cual el domingo pasado estaban a los besitos), el futuro de cada uno de los integrantes del arco opositor, etc.
¿Qué dice la historia, sobre lo que ocurre con eso que denominamos “la economía” durante las transiciones entre diferentes gobiernos? Como de costumbre hay ejemplos de todo. Lo que sigue no es exhaustivo sino ilustrativo.
Continuidad, con la misma persona: Menem en 1995. En pleno Tequila obtuvo la reelección presidencial, y mantuvo la política económica. En particular la convertibilidad cambiaria.
Discontinuidad, con la misma persona: Perón en 1951-1952. Adelantó 3 meses la reelección presidencial, para lanzar en febrero de 1952 un plan de ajuste. Es un antecedente interesante para recordar, porque también Perón en su primera gestión consumió stocks (de reservas internacionales, de infraestructura, de confianza en el poder adquisitivo interno de la moneda, de superávit previsional, etc.), y cuando no tuvo más remedio comenzó a reponerlos.
Discontinuidad dentro del mismo régimen: Martínez de Hoz-Sigaut en 1981. En rigor la transición (dentro del Proceso de Reorganización Nacional, sin presiones de los políticos) debe denominarse “Videla-Viola”, porque fue la significativa desinteligencia entre los 2 jefes militares que produjo una ruptura en el esquema económico.
Huida final con expectativa de empeoramiento: Final de la Revolución Argentina, Cámpora. Toda terminación de un régimen debilita el poder, aumenta la presión de los intereses sectoriales y regionales, y por consiguiente induce la adopción de conductas preventivas explicadas por mi modelo “Diluvio Universal o Arca de Noe”. Las cuales se potencian cuando se piensa que el nuevo gobierno va a ser peor que el que se va, aún debilitado.
Huida final con sorpresa agradable: Final del Proceso, Alfonsín. El mismo punto, pero con resultados inversos, lo ilustra la terminación del último gobierno militar. Contra lo que se pensó hasta un mes antes del comicio, Alfonsín le hizo perder el “invicto” a los peronistas en elecciones presidenciales. Por lo cual en este caso la huida para ponerse a salvo a nivel individual fue revertida por el resultado electoral. Tal fue la emoción del mundo económico no peronista, que a pesar de lo que el presidente Alfonsín y su ministro de economía Grinspun decían que iban a hacer, la brecha entre el dólar paralelo y el oficial, que el viernes anterior al comicio superaba 50%, al mes había caído por debajo de 10%.
¿Qué podemos aprender de este racconto, para la decisión aquí y ahora? Desde el punto de vista de los protagonistas, ni estamos delante de la vinculación tautológica que se produce dentro de cada persona, como en el caso de las reelecciones, ni delante de un caso de antagonismo a ultranza, como el referido Martínez de Hoz-Sigaut.
El domingo 28 de octubre a la noche Cristina Fernández de Kirchner pronunció su primer discurso como presidenta electa. Gran expectativa despertó entre quienes le adjudicamos mucha importancia al semblanteo inicial, para comenzar a armar el identik decisorio de la nueva presidenta. Fue un discurso calmo e inclusivo, muy pero muy diferente del primer discurso que su esposo pronunció cuando se enteró que Menem no se presentaría a la segunda vuelta, en 2003. Queda mucho camino por delante, pero el arranque sugirió un tono civilizado.
Pero la realidad no se alimenta exclusivamente con pareceres, gestos y decisiones que sólo afectan a seres humanos, porque también existen la Naturaleza, el resto del mundo y una realidad física sobre la que se apoya la actividad económica.
Néstor Kirchner basó su política económica en agotar stocks excedentes en materia energética, de capacidad instalada manufacturera, de confianza en el cumplimiento de las condiciones en las cuales se emiten títulos públicos, de confianza con la que se mide oficialmente la realidad económica, etc.
Y como explica Per O. Grullo en su famoso tratado, una vez que se terminan los stocks hay que reponer. Esto no es ideología, por más que se quiera decir lo contrario para eludir el pago de costos políticos (conozco gente que votó al Frente para la Victoria para que no tenga que ser otro presidente quien “saque las papas del fuego”, luego de 4 años de consumir stocks).
La gestión Néstor Kirchner se parece mucho a la del ex presidente Illia, quien aprovechó las inversiones de Frondizi y la recesión de Guido, para –con ayuda de una mejora externa- inflar la economía y aumentar el PBI real 10% anual, durante 2 años. Gracias a Dios ahora no habrá un golpe de estado “salvador”, por lo que cabe esperar que las nuevas autoridades se aboquen a reponer stocks.
Lo que no hay que descartar es que arranquen simplemente tratando de repetir lo que hicieron en los 4 últimos años, para que los resultados del período 2007-2011 sean muy parecidos a los de 2003-2007. Una quimera, dado que como digo ahora hay que reponer stocks, pero cerca del poder; ¿alguien les estará señalando esta obviedad?
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