La extraña coalición que lucha contra Halloween
Por Mario Diamen
La Nación
MIAMI.- No todo el mundo está encantado con Halloween , la colorida noche de brujas que se conmemora el 31 de octubre con disfraces fantasmales, casas decoradas como mansiones embrujadas y hordas de niños que van de puerta en puerta demandando trick or treat (algo así como “la broma o el regalo”).
Se trata de una extraña coalición opositora que une a los fundamentalistas cristianos, quienes acusan a la celebración de promover ritos diabólicos; a los ambientalistas, que se quejan de las toneladas de materiales sintéticos que deja como secuela; a las feministas, escandalizadas por la exuberancia sexual de los disfraces; a los defensores de los derechos civiles, para quienes la costumbre de mostrar brujas en una horca se parece a los linchamientos y, naturalmente, a las propias brujas, quienes se consideran agraviadas en su condición.
Hay una variedad de sitios en Internet dedicados a vender parafernalia anti-Halloween y organizaciones antiglobalización y religiosas seriamente preocupadas por el nocivo significado de esta milenaria celebración pagana de origen celta.
Según se afirma, Stephen King, autor de numerosos best-sellersde horror, se va de su casa durante la temporada de Halloween para escapar a la curiosidad y expectativas de sus vecinos.
Para la industria y el comercio, en cambio, Halloween es una bonanza que se ha convertido, según la Federación Nacional de Minoristas, en un negocio de 5000 millones de dólares anuales, comparable a las grandes orgías consumistas del calendario, como la Navidad y el Día de San Valentín.
Tanto es así, que mientras algunos años atrás la temporada de compras para Halloween comenzaba en octubre, ahora se ha corrido a fines de agosto, inmediatamente después del Día del Trabajo, en una astuta manera de generar una onda ininterrumpida de consumo que arranca con la Noche de Brujas y se extiende hasta el Año Nuevo, abrazando el Día de Acción de Gracias y la Navidad.
Para los niños, Halloween representa una aventura excitante que les permite disfrazarse y salir de noche a recolectar golosinas. Para los padres, es una oportunidad más de compensar sus inseguridades filiales con regalos, y para los gays y lesbianas, se trata de una de las más esperadas efemérides del año, que en ciudades como San Francisco y Miami se refleja en espectaculares desfiles que atraen miles de turistas.
Pero detrás de la tradición, los disfraces y la serpentina, hay en los norteamericanos (o en la mayoría de ellos) una arraigada convicción de que esto de los fantasmas no es meramente un cuento.
Los norteamericanos creen mayoritariamente en Dios, en la supervivencia del alma después de la muerte, en los milagros, en el cielo, en el infiermo, en el diablo y, naturalmente, en los fantasmas, como estableció la agencia Harris en un sondeo realizado en 2003 y corroboró una encuesta de la cadena CBS en 2005.
Uno de cada cinco encuestados no sólo cree en los fantasmas, sino que asegura haber visto o entrado en contacto con alguno en el curso de su vida y el 68% cree positivamente en la existencia del diablo y el infierno.
Por otra parte, religiones paganas como la wicca y la brujería se cuentan hoy entre los movimientos espirituales de más rápido crecimiento en los Estados Unidos, con miles de sitios en el Internet, libros y revistas dedicados al tema y una verdadera industria asociada al fenómeno.
Lo espeluznante
La Liga de Brujos y Brujas para el Esclarecimiento Público, una organización con sede (no casualmente) en Salem, Massachusetts, estima que existen en los Estados Unidos alrededor de un millón de practicantes de la brujería y que uno puede hallarlos en todos los lugares y en todas las profesiones, desde médicos y jueces hasta policías y maestros.
Tanta mezcla de convicción y fe en lo sobrenatural tal vez explique la relativa facilidad con que el aparato de propaganda del poder en Washington logra alinear a la opinión pública contra el demonio de turno, llámese Fidel Castro, Ho Chi Min, Manuel Noriega, Ben Laden o Saddam Hussein.
Cada tanto, uno de estos demonios desaparece por medio del destronamiento, la muerte o el asesinato, pero no pasa mucho tiempo antes de que uno nuevo aparezca para reemplazarlo. Halloween celebra esta pasión por lo espeluznante, aunque lo realmente espeluznante no radique tanto en los disfraces como en ciertas decisiones políticas.
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