Latinoamérica, lo peor de Occidente
Por Alvaro Bardón
AIPE – Panamá América
SANTIAGO DE CHILE -Si, en Latinoamérica encontramos lo peor de Occidente: subdesarrollo, pobreza, dirigentes populistas y demagogos incapaces de comprender que las personas no son tontas y que con reglas claras de libertad logran el desarrollo.
Los males deben venir del socialismo monárquico paternalista peninsular y de las dictaduras indígenas ancestrales. Es el realismo mágico, el milagrismo, los iluminados, la magia negra, la brujería. Universidades centenarias que nunca han producido una idea útil para la humanidad. La responsabilidad es siempre de otros: los ricos, los capitalistas, la pareja y el imperialismo, tema recurrente este último, como observamos en días recientes con los “no alineados”, categoría obsoleta desde el derrumbe del comunismo soviético. En ella se pavonean Chávez, Morales, Kirchner y hasta Fidel Castro, el mayor arruinador de latinoamericanos.
Cuesta conceptualizar y clasificar el mal regional: del “buen salvaje” al “buen revolucionario”. Es una mezcla de socialismo, indigenismo, comunismo, populismo, conservatismo, nacionalismo, fascismo, peronismo, monarquismo, corporativismo y anarquismo. Merece un estudio especial, ahora que está volviendo a reinstalarse en Chile, hasta con una bancada parlamentaria que se limita a copiar las leyes mágicas e inútiles de otras latitudes. Las útiles, las de los países emergentes de éxito, como reducir tributos, dar más libertad o abrir las economías, no se copian.
La política económica chilena de los últimos años ha sido tapar los problemas, más impuestos, regular hasta el gato y fomentar el desempleo. Y vamos a terminar con la libertad de alimentación, sexual, educacional, de manejar vehículos y, por supuesto, de trabajo y negocios. No más edificios altos ni nada que huela a moderno, como transgénicos, túneles, ni energías más allá de la muscular. Es increíble, pero nuestros políticos han vuelto al decimonónico concepto de la explotación, de los salarios eternos de subsistencia. El trabajo es precario, a pesar de las reiteradas leyes laborales que, al parecer, no han servido de nada. Creen que siempre será preferible un ciudadano empleado ganando 300 mil pesos y otro cesante que dos empleados ganando 200 mil cada uno. Esto nos está llevando a un gasto público creciente, mientras la calidad de los servicios de salud y educación sigue para abajo. El latinoamericanismo es nacionalista y no trabaja esta línea, sino la del Dios Estado, que no se equivoca y saca recursos, mágica y milagrosamente, de la nada.
El autor es profesor de economía y ex presidente del Banco Central de Chile.
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